Fotos y otros delirios

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Este año fue premeditado, a diferencia del anterior. Otra diferencia con el año anterior es que estoy en una especie de etapa temprana, algo así como hace 2 años quizás, cuando sacaba poquitas fotos de cositas muy puntuales y las editaba bastante. Hete aquí el resultado de esa regresión (otro ejemplo).

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Gente de lejos, desenfocada, nucas, cositas. Mas de una ocasión en que pensaba “tendría que haber hecho tal cosa” o “ese era el momento”. Me doy cuenta, pero no levanto la cámara. Imagino que se debe a la falta de práctica, esta es la primera vez en meses que salgo a un evento a sacar fotos. Eso si, toda esta movilización de la mudanza me activó un poco. Aún ando con la cámara en la mochila y pocas veces sale a ver la luz, pero creo que voy por buen camino a retomar un poco todo esto. Quizás este año pueda experimentar más. Mientras tanto, cagamos a trompadas a las fotos en láitrum y gasto memoria en pavadas.

Ventana

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Perdón por la ausencia, pasa que moví la ventana de lugar, y ahora mira para otro lado.

.2011

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Arranqué el 2011 sabiendo que iba a terminar. De alguna manera u otra este día iba a llegar y yo, con mucha seguridad, iba a estar escribiendo esto. Teclear estas palabras, en esta mesa, este 29 de diciembre, no es algo que no esperara. Es más, podría decirse que lo planeé.

De la cantidad de cosas que pensé e imaginé, no planeé que de los 345 días que llevo al día de la fecha morando esta ciudad, solo pasé 15 sin trabajo. Trabajo que incluso he llegado a disfrutar, aunque eso se deba en su mayoría a la gente que tengo alrededor en esa oficina. No a toda, pero si a mucha. Descubrir que soy capaz de hacer y no hacer tantas cosas fue interesante, y va a seguir siéndolo, porque va a seguir pasando. Pensé en que iba a aprender mucho, pero no creí que iba a tener los maestros que tengo. Hice de todo pero no tanto como imaginé, en eso mi cabeza tiene mucha cancha. Irme de este techo que tanto hizo por mantenerme abrigado era la idea, solo que no pensé que me iba a ir así (lo dulce y lo amargo). No me creía capaz de causar tanto daño o tanto bien. Aunque imaginé que cuando volviera a mi pueblo iba a ser bajo los lineamientos de visitas a veces obligadas o a veces por simple deseo, todavía me cuesta descubrir lo lejos que quedó Kansas.

No me quejo. Fue quizás el año que más me marcó de estos 24 y pico que llevo pisando tierra. El 2002 perdió por olvido, el 2005 fue único, pero este fue el inicio. Con este empezó algo que no creo que pueda frenar ni yo, ni la cantidad de miedos que tengo en la mochila. Miedo a cosas que no llegaron, cosas que no fueron tan graves.

¿Cómo sigue esto?. Estas semanas vi cómo se cerraban muchas cuestiones pendientes, y cómo con ellas, se abrían otras. Calculo que el 2012 será pelear con este nuevo paradigma. Los bondis ya los sé tomar, me perdí lo suficiente en el subte, logré que no me balearan en una esquina por $2. La metrópolis no tiene muchos más aces bajo la manga. Esta vez mi rival es otro, y tiene una ventaja: vivió detrás del espejo toda mi vida y me odia por dejarme este bigote y esta panza.

Saludos a mis 4 lectores, incluso a esos que llegan al blog buscando “calle” en Google. Espero que el 2012 termine mas o menos un año después de que arrancó, y podamos cometer los excesos que nos parezcan adecuados para festejar que la peleamos tanto o más que el pasado 2011.

El hombre que da de comer a las palomas

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Lo que me costó parir esta foto… La hice hice hace casi exactamente un mes, un sábado de eso de paseos por la ciudad. Salí con la consigna de hacer muchas fotos, debido a una conversación que tuve noches antes con Mati, a quien le estoy debiendo una cena y él un pisco. El proyectito medio quedó en la nada de mi parte, sobre todo por un impedimento en la tecnología, también conocido como la D40 no es lo más copado para disparar a lo ametralladora. Pero ahí estamos, a la espera de ver qué se puede seguir haciendo.

Me fuí por las ramas; esta foto. El hombre, aparentemente, camina por las calles porteñas con bolsas de maíz y les da de comer como si de huerfanitas se tratara. Tratase. Tratara. Tra ta lará lará. Macri intenta que los halcones se las coman, y este buen señor las alimenta para que pesen más que el lechón que comimos para Navidad.

Entre otras cosas: primer Navidad sin sanguchón de mi vieja, primer Navidad tomando colectivos en vez de subirme a autos de ebrios amigos, primer Navidad con Sari en vivo y en directo. Año nuevo nos vamos pa allá.

Egreso

Emociones encontradas me surgen al encontrarme con estas cosas. Por un lado no dejo de pensar qué bien se debe sentir terminar una cosa así, algo que teóricamente uno anhela durante años, por fin realizado. No veo motivo mayor para festejar. Y por el otro, respiro profundo buscando la paz de una plaza, y me llegan olores dignos de heladera de soltero, piso una pasta parecida a algo que durante mi adolescencia dejé en muchas esquinas después de una noche demasiado larga, y por sobre todas las cosas, pienso en toda esa comida tirada en esa misma plaza donde suelen dormir personas que no les vendría mal un par de huevos fritos. Pese a eso, una ventosa y fría tarde de diciembre (este clima, este clima…) me dediqué a retratar un poco lo que pasaba.

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Un paseo

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Un lindo jueves con 28º del lado de afuera se me ocurrió que era una excelente idea armar una mochilita, ponerme los cortos y salir a pedalear un rato. La verdad es que fue medio exagerado andar con ese peso encima, pero ya que llevaba la cámara, justifiquemos por si las moscas. Ahora que estoy más quieto que hace unas horas, recuerdo algunas anotaciones que no hice en ese cuadernito negro, simples conversaciones que tengo en voz alta con la heladera mientras lavo los platos, acerca de la bicicleta. Hasta se me ocurrió pensar que era el prólogo de un libro. No recuerdo exactamente que gansadas estuve dictando a esta secretaria enorme y llena de imanes, pero básicamente era de lo bien que se la pasa en ese rombo de caño, de cómo los problemas se alejan a cada patada pero solo para verse más claros. De cómo el viento cambia en cada esquina dándote nuevas ideas y nuevos peinados (eso si tuviera pelo). Quizás tenga que ver con la concentración que se necesita para no ser pisado por algún conductor de automóvil que cree que las calles fueron hechas para él/ella, o en esquivar baches que harían volar la mitad de tus dientes. Ni hablar de esa cosa mágica te recorre las venas cuando apurás el tranco para pasar un camión, o cuando te reencontrás con el sillón y decidís que bien podrías pasar el resto del día ahí. Es lindo andar en bici.

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Según Google Maps y mi precaria memoria, fueron alrededor de 24 kilómetros.

Puerto Madero

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No, esto no es un render que robé de alguna página de arquitectura. Ese aspecto artificial, creado, es propio del lugar. Las cosas parecen puestas a propósito. Y lo están. Fueron elegidas por un grupo de varias decenas de arquitectos y demás profesionales para que ese pedazo de río ganado, otrora un lugar horrible para estar más de media hora sin un facón en el cinturón, se convierta en una postal de una ciudad que no existe, sin un alma, custodiada por un gusano amarillo que no hace más que ser visto. Los puentes que se corren a modo de fortaleza, argumentando ser móviles para dejar pasar botes grandes, son la única manera de llegar desde el nudo de humanos y cemento que habitamos el resto.

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