The pasta maker

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Vacaciones. Ese regalo que nos hacen para creer que seguimos teniendo tiempo para nosotros. Ese huequito que nos inventamos entre la rutina del lunes y la del viernes para salir a la calle de día o de noche, para acostarnos sin ver que la alarma del teléfono esté bien puesta y para despertarnos a la misma hora de siempre, pero sin pensar que es tarde.

La semana pasada me tomé unos días fuera del trabajo, 7 días que me habían quedado del verano. 5, en realidad, porque el fin de semana no trabajo, pero que por alguna razón legal que no termino de entender y que no me terminaron de explicar, son 7. Y como hacía ya bastante tiempo que no me daba una vuelta por la casa de mis viejos, hacia allá fuimos con la Sari y nuestros bártulos, a que nos den de comer y a volver a dormir en cama de 1 plaza. Y comimos y dormimos. Y comimos…

Uno de mis primeros y únicos recuerdos que se me vienen a la cabeza de costumbres que tenía mi familia cuando era muy chico y aún vivía en Capital Federal, es la de un domingo perdido hacer fideos caseros. De algún lado salía la Pastalinda, siempre envuelta en una bolsa. Creo recordar ver un palo de escoba apoyado sobre dos sillas y los largos fideos secandose dentro del comedor, mientras que mi viejo seguía metiendo planchas de masa dentro de la máquina. Quedaba fascinado por todo el proceso, desde el volcán de harina y huevos, hasta el platazo de fideos con tuco que me ponían adelante, mientras de fondo se escuchaba la Fórmula 1 por Telefé.

Hace un par de domingos volvimos de hacer compras con mi vieja y Car, y ahí estaba la vieja Pastalinda tan reluciente como la primera vez que la ví, con sus letras pintadas en rojo vivo sobre el acero inoxidable. Estaban las planchas de masa, esos óvalos cada vez más finos, la harina esparcida sobre la misma mesa de hace 20 años (solo que a 300 kilómetros de distancia de su posición original). La escena era ligeramente diferente: no era mi vieja la que le cebaba mates a mi viejo mientras le daba a la manivela, era Sari que estaba recién levantada. La Fórmula 1 ahora tiene Kers, DRS y la dan por cable, pero el sonido era más o menos el mismo.

Los fideos siguen siendo igual de ricos.

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