En marcha

El día de ayer fue terrible para muchos, y las semanas siguientes lo seguirán siendo. Por acá la sacamos barata, siendo presas unicamente del aburrimiento. En la casa de Sari las cosas no fueron tan alegres, tampoco en lo de Damián, pero permitiendomé un jueguito de palabras, siempre sale el sol.
Domingo por la tarde, Blanco Encalada y Cabildo, la esquina nefasta del Belgrano-Nuñez. Una mujer vendía discos mojados a $2 y ahora pienso que debería haber hecho una foto. Siempre lo mismo.
El sábado me metieron en un auto y me llevaron a Santa Fe a hacerle fotos a un gran dibujante a modo de polizón. Los muchachos iban con intenciones mucho más serias que las mías, más cercanas al cholulismo que a la vocación. Hablando de cholulismo, hoy volviendo de comer me crucé a Bobby Flores y puse cara de “Se quién sos, pero soy buen tipo y no te voy a poner incómodo con mi cara de ´Nooo, boludoooo, es Bobby Floreeeeees´. Gil”.
Estoy metiendolé fichas a las 116 fotos que le hice al muchacho que tan excelentemente dibuja, para sacar 4 o 5 que cierren. Mientras que gracias a estas 2 notas (One Cat, Three Lives y A Different Way of Working) me di cuenta que la cuestión va para larga, y que me lo tengo que tomar con soda. Plantearme ideas que merezcan la pena y el tiempo, llevar una agendita tonta con lugares que quiero ver de vuelta bajo las condiciones que quiera y no conformarme. Y que voy a hacer un libro. Librito. El “tema” está, las fotos están casi todas, falta imprenta. No se cuántos ejemplares, inicialmente quiero uno para mí y algunos más para amigos. El que quiera uno, que chifle, que si no se me va de las manos el precio, muy probablemente cueste un boleto/pasaje hasta el lugar de entrega, café, mate o bebida que combine con el horario y algo para picotear. Si algún limado lo quiere desde Kazajistán, será el envío pues.
Pero es muy pronto aún.
Siempre lo mismo | Le rat

Vengo haciendo las mismas fotos desde hace años. Hace rato que el agua se estancó, y yo sigo chapaleando, un poco por costumbre, un poco porque no se hacer otra cosa. Ya no me pregunto a dónde irá a parar, me dedico a ver equipo y a pensar en dónde voy a guardar todo.
Tengo un librito, un ebookcito en realidad, en mente. Y en una colección de Lightroom también. Nada comercial, nada especial, solo unas 12-15 imágenes de una vida que me inventé y me salió linda.
Iba caminando al trabajo por la ruta habitual, la que esquiva la fila de un par de cuadras de lo que me gusta llamar “la marea gris”, decenas de autos mas o menos iguales, de mas o menos el mismo color, tripulados por más o menos la misma gente: padres y madres, trabajadores de distintos rubros, urgidos por llegar a escuelas y trabajos. Por suerte tienen auto. Es raro, ahora veo casi todo en tonos de grises, incluso el Gol rojo que está estacionado medio en la senda peatonal. Uno de la metro le iluminó las ventanillas con una linterna y volvió a refugiarse de la llovizna. También esquiva una escuela primaria que se llena de padres que estacionan en doble fila, y reniegan porque los nenes no tienen suficiente abrigo.
Mi camino no está exento de familias, pero las pocas que me cruzo van caminando. Venía en lo mío y veo a esta señorita. Quizás sea señorito, pero me gusta pensar que es una dama. Que fue una dama. Como me pasa siempre, pensé en el medio kilo de plástico negro y vidrio que llevo de acá para allá en la mochila pero, como de costumbre, me dio vergüenza. Hice 3 pasos más, frené. Me dio más vergüenza. Levanté la vista, una familia a 50 metros. “Mamá, ¿por qué ese señor de barba rara le está sacando una foto al piso?” “¡Hay una rata muerta mamá!” “Mamá, por qué las cosas mueren?” “¿Podemos pasar por el kiosco?”. Si llegaba rápido a la esquina, le salvaba la mañana a la señora. Dos fotos, volví a caminar.
Miro la foto días más tarde y pienso que murió puteando, con las manitos cerradas y la vista perdida, puteando a un bondi que no le paró.
Análogo-Digital

La foto que encabeza esta entrada es el primer negativo que digitalicé vía la vieja y querida técnica de sacarle una foto e invertirla en Photoshop. La cuestión más resonante es cómo catso hacer la foto de un negativo que mide lo que mi uña del dedo gordo del pie, al cual le tiene que incidir una luz por detrás, pero debe estar lo suficientemente difusa como para que no se vea que hay algo detrás. Una pavada, si es que se tienen elementos como… cosas. En esta primer imagen usé un tupper, mi velador y la Sony (Somby, de cariño) H2. El tupper, pese a ser un buen difusor de la luz, está hecho pelota muy rayado, y eso se ve muy claro en la imagen. Tenía 2 problemas entonces (3, si contamos mi falta de hobbies): cómo hacer macro con una cámara mejor que la Somby, y qué usar para difuminar la luz.
Luego de casi una semana de renegar con cartón, plasticola, bolsas, tijeras, Mercado Libre y mi cintura, llegué a una solución bastante aceptable. Este es el resultado.

El procedimiento es una mezcla de artículos que fuí rescatando de internet, desde los más básicos hasta los más técnicos, y de algunos consejos que me dió un contacto de Flickr hace unos 4 años. Conseguí unos tubos de extensión bastante baratos en MercadoLibre (gracias Sari por el flete!!) y me puse a practicar con formas de mantener el negativo lo más plano posible.

Parecen de mucha mayor calidad de lo que realmente son.

El Super Reveleitor 3000, el cual hasta hace unas horas tenía un pedazo de bolsa de La Revistería como difusor.

El conjunto armado, con un soporte de altísima calidad hecho en piezas de Lego, mi velador de coté con una lámpara de bajo consumo fría, un pedazo de acrílico que tenía dando vueltas por ahí, el Reveleitor haciendo de soporte (que en realidad apoyaba los negativos directamente en el acrílico, pero es complicado el manejo), trípode, tubos, cámara, 50mm., cable para hacer las tomas desde la computadora y yo comandando todo eso con cara de dormido (no salgo en la foto, pero estoy ahí).
La captura es lo más sencillo. Después viene la batalla contra el balance de blancos en Photoshop, obteniendo resultados muy mixtos. La cual sería mucho más sencilla de ganar con una buena lámpara, un soporte con difusor de calidad, o no ser tan laucha y comprarme un scanner para negativos.

A esta, por ejemplo, no logro sacarle esos tonos violáceos que tiene la tierra, ni hacer que el edificio de atrás (la escuela Juan XXIII en Carlos Casares) no sea la embajada Pitufo.
Pero algunas salen fáciles, y quedan muy parecidas a la copia en papel.

Aún tengo un tema con el enfoque y la nitidez de la imagen. Pero con pruebas voy resolviendo los problemas que se presentan.




Dos cuestiones: todas las fotos fueron tomadas en Casares, durante los últimos dos viajes que hice, y debe ser el primer post en donde mezclo tantas imágenes sacadas con tanto tiempo de distancia entre unas y otras, y con tantas cámaras distintas…
Pedal – 2:1

Jueves feriado. Un feriado que por lo que tengo entendido, hace rato se viene discutiendo si es una fecha verdaderamente festejable y feriadable. Mis flacos conocimientos de historia me dicen que se eligieron algunos símbolos patrios, se puso en la mesa la formación de este país que nos deja que lo pisoteemos, pero que todo terminó en un quilombo. Como si hubiera sido ayer, che.
Jueves de calor pesadón. De ese que se te pegostea la remera por más que estés a la sombra y con botellita de agua. No tanto como hoy, pero jodido. Un día digno de ser transitado en un espejo de agua artificial o no, mínimo. Que qué se me ocurrió?. Pues hacerme 15 kilómetros en la bicicleta a ver si refrescaba en el camino, eso se me ocurrió.

Primero la habitual. Ugarte-Ciudad de la Paz-Echeverría (o Mendoza, como en este caso)-Figueroa Alcorta. Me encantan estas curvas, los semáforos eternos, el puente peatonal-ciclístico enorme para pasar por encima de las vías del tren, la Lugones y la Cantilo al mismo tiempo. Ya lo había cruzado un par de veces, pero nunca me había sumergido en Ciudad Universitaria, al otro lado del puente. Prometo volver y hacerle honor a tremenda estructura de hormigón.

Miento, ya había estado en Ciudad Universitaria, y mientras el bondi nos sacaba de ahí le dije a Sari que quería volver a hacer alguna foto. Y ahí estaba. Me dí una vuelta por las calles que servían de peatonal para los que iban a las piletas, y para principiantes que intentaban manejar por primera o segunda vez. Muy lindos los edificios trememundamente aburridos y lo grisáceo que es todo (el día no ayudaba tampoco), pero yo quería explorar un poquito, asi que me fui metiendo entre los edificios y fui a parar a una cava, o dique, o canal o lo que cuernos fuera. Una foto, en Flickr.

Resulta que hay un puente ahí coloradazo a medio terminar medio a propósito, cerrado por una reja. Conecta Ciudad con la Reserva Costanera Norte, mucho más chiquita que la de Costanera Sur, pero posible futuro destino aventureril en cuanto la temperatura lo permita. Aunque viendo Google Maps, no parece que hubiera una entrada muy pública que digamos. Ampliaremos.

Cosas que la gente va dejando escrita en el puente. Y por todos lados graffitis, que fueron debidamente retratados, pero que no los incluí por cuestiones meramente artísticas y porque no se me cantó.

Pasando el puente nos encontramos con estos monolitos que prometieron hace muchos años transformarse en las bases de algún edificio muy útil, pero que ahora solo sirven para que gente con un cagazo tremendo coraje baje por el paredoncito y se haga el postapocalíptico.

Y como para ir cerrando, líneas. Muchas, en muchos ángulos y de distintos materiales.
Por qué recorte tan brutalmente las imágenes que el vapuleado sensor de la D40 me devuelve? Primero porque puedo. Segundo porque vi en un blog que no me acuerdo una pequeña galería de fotos en 12″x6″ y me gustó lo panorámico que resulta, sin ser algo demasiado gomoso. Es un lindo ratio, entre un panorámico de X fotos y un 16:9 cinematográfico, el cual ya he usado bastante por acá.
Después, la familia bien, el perro ahí anda, en casa tienen bomba de agua y yo me encontré una pelota de tenis.
Medio Enero (mas o menos)

Las fotos de la primer mitad de enero (mas o menos) quedaron en el Western Digital (der.), mientras que yo creía que estaban debidamente backupeadas en otro disco. Cuando saqué el WD e instalé el Seagate (izq.), lo hice bien canchero. Instalé un fresco Windows 7 de 64bits, los últimos drivers y lo justo y necesario. O sea el Lightroom. Oh sorpresa, el catálogo “2013_LR” no estaba… Como poder recuperarlo, podría. El WD no está formateado ni nada, por lo que en teoría podría chantarseló a la notebook y que salga andando como si acá no hubiera pasado nada. Pero me da fiaca. Por lo que quedarán ahí confinados hasta que Deal Extreme, el Correo Internacional Chino, la Aduana China, la Aduana Argentina y el Correo Argentino dispongan la llegada de un case que me compré por chirolas.
El nuevo disco es un Seagate Momentus (¡¿?!) XT de 500GB, un disco “híbrido”. Cuando lo apurás pasa a nafta, y en tránsito lento funciona con Activia. Por ahora se porta bien, y cumple lo que promete. Aunque no hace milagros.

Ultimamente, con la excusa de no querer hacer muchas fotos (cualquiera lo mío…) para no renegar después mezclando los catálogos, no ando mucho con la cámara. Aunque tampoco ando mucho. El calor y un sin fin de argumentos hace que esté bastante sedentario. Ayuda además que estuve transcurriendo por una de mis etapas profundistas, en donde me tiro las tardes mirando el horizonte edificado pensando y repasando mi accionar en esta vida. O sea, no hago una goma.

Paseo en bicicleta, muchas veces incluso sin el celular encima, miro fotos en Flickr como hace años no hacía, escucho música y miro Arrested Development. El barrio es lindo para andar en bici tranquilo, mirando las casas y la gente refrescando las patas en la vereda.

Redescubrí mi linyerismo. Ese que había dejado por cuestiones socio-laborales. Jamás debería haberme alejado de esa corriente pro-agujero en la remera. Mi uña es celeste.

Me/Les prometo volver a alguna que otra andanza y publicar más seguido. Ni a Twitter le estoy dando bola. Pero dense una vuelta por mi perfil en el sitio de las bolas celeste-violáceas, que quiero darle un poco de vida. O terminar de matarlo y abrirme otro.
Saludos desde la tierra de Cogh!!
El Flickr

Esto de que Flickr haya dado 3 meses de regalito me tienta a volver a ellos y perder horas revisando fotos de otras gentes. Y no solo eso, de una buena vez darles mi dinero y almacenar como corresponden algunas de mis fotos. La única contra que vengo encontrando es que su aplicación para Android no es compatible con mi celularsario, aunque pa eso ia tengo el tumbler.
Algo que tiene Flickr y que no le he encontrado a ninguna otra plataforma (o por lo menos que me haya enterado) es la facilidad para dar permisos a cada foto; desde quién la puede ver, hasta qué Copyright/Creative Commons le asigno. Y esto últimamente lo estoy apreciando mucho porque, pese a que no lo pregono demasiado, soy partidario de que en la internetta todo vale mientras que sea con respeto al autor/creador/gil_con_demasiado_tiempo_libre. No voy a entrar en detalles acá, en mi perfil de Facebook está toda la historieta resumida, pero otra vez alguien está usando (hace rato) mis fotos. No lo hacen de manera lucrativa, de ninguna manera, y por eso no me calenté, pero necesité decirle a la persona (no identificada) que estaba haciendo uso, que lo estaba viendo, y que no sería mala práctica mencionar al gil de turno que apretó el botonito plateado. Macana fue que detrás de ese perfil anónimo estaba un usador compulsivo de mayúsculas que pasó la primaria tirando bolitas de papel masticado a los tragas de adelante en vez de aprender de signos de puntuación.
Mi primer subida del año al blog, mi primer subida del año a Flickr. A por muchos más, mis 4 fieles lectores!.
.2012

Qué añito. Aunque todos los años, mas o menos a esta altura, escriba algo con olor a balance, la verdad es que no los hago. Los hago para escribir algo con mediano significado acá en este humilde blog. Una cosa lleva a la otra y termino pensando en los qué, los cómo y los por qué de las cosas que fueron pasando desde la última vez que escribí la entrada de Nochevieja.
Pasaron unas cuantas cosas. Aunque por la cabeza me pasaron muchas mas. Escucho a la mayoría decir que este 2012 se deshizo rapidísimo, cosa que he dejado mas de una vez en claro que no termino de entender. No entiendo de fechas, no me es natural. Anoche volvíamos en un 41 a medio fundirse hablando de eso, de que no entiendo qué significa que sea 20ypico de diciembre de tal año. Todo conspira para que segmentemos nuestras vidas en clusters de 365 días uno al lado del otro creyendo que el tirar un almanaque expía culpas. Y pese a que le encuentro muchas falencias a esa manera de existir, de a poco me abrazo a la idea de tener un punto de principio y uno de final. Una meta. Eso que hace un tiempo tampoco lograba entender por fin lo estoy asimilando. Las cosas empiezan y terminan, no son ni fueron eternas. Me aterra al punto de transformarme en una masa amorfa de lágrimas saber que termina, pero por otro lado me hace pensar en que estoy bien. Que quizás este sea uno de mis mejores momentos, y como humano que aparentemente soy, tengo miedo de que termine.
Crecer, que le dicen.
Tengo la mitad de una heladera, un colchón bordó (no pienso escribir bordeaux), muchas ganas de andar en bicicleta, de sacar fotos, de tener otros horizontes enfrente mío, y de discutir con problemas nuevos. Quiero ver cosas que no vi, escuchar discos de jazz que no escuché jamás y dejar de cruzar por el medio de la calle. Ufff, la de libros que me falta por leer. Anoche cociné arroz integral por primera vez asi que, como ven, no necesita arrancar un año nuevo para hacer cosas nuevas.
Lo único que espero de este nuevo paquetito de meses que nos regala el repuestero o imprenta amiga nos una un poco mas. La división a filo de hacha que nos están imponiendo solo construye murallones. Y en este pale blue dot no tenemos lugar para tremendas manifestaciones arquitectónicas.
Besos, abrazos y saludos para mi mamá que me mira por Facebook.
[Si, ya se que falta una semana todavía para Año Nuevo, pero entre viajes y tandas de ropa por lavar, no voy a tener tiempo de escribir] [Siii, que la puedo programar para que se publique el 31 a las 23:59, pero va a andar dando vueltas ahí en el WordPress y la voy a querer cambiar y… no jodan]
Kustom Art 3

Desde hace casi un año que paso todos los días por la puerta de este taller de chapa y pintura. Y desde hace meses que veo un cartelito diciendo algo acerca de un evento. No me distingo por mi perspicacia, por lo que mencionar que pasé por alto que la dirección que mencionaba el cartel era justamente la de este taller es un poco redundante.
El fin de semana mi viejo vino de visita, a cansarse un poco según él (tengo entendido que logramos complacerlo), pero hasta para mí ese sábado había sido largo. Bajamos con Sari a buscar una pizza a la mejor peor pizzería que hay en Capital y vimos tole tole en una esquina. Había ruido, gente y Harleys. Escuché un V8 y dije “papá se va a cansar un poco más”. Pegamos la vuelta, le dijimos que se ponga lindo y agarré la cámara.

Kustom Art 3 es, sin lugar a dudas, lo más heavy que pasa en la tierra de Cogh. No nos quedamos mucho, lo suficiente para ojear los coches y las motos estacionados en esa cuadra que habían cortado. Kilos de tinta en tatuajes, cantidad de vasos plásticos llenos de cerveza en aumento y rock medio hard core medio fifty completaban la escena.





¿Les dije que me quiero comprar un moto, hacerme un par de tatuajes y…?. Mejor voy a hacerme unos ñoquis.
Tormenta

100 fotos. Y la 101 seguramente hubiera sido mejor.
Ya voy a tener más a mano la nubesota y voy a poder hacer cosas como las que hice aquella vez.
Reserva Ecológica Costanera Sur

Hace un par de semanas se nos ocurrió la idea de tomar mate en algún lugar con pastito. Hacía una calor de perros, no se si recuerden, y no queríamos terminar en Parque Las Heras como suele suceder. Noe fue la que propuso ir a la reserva, que ninguno de nosotros la había visitado nunca, incluído Matías que fue adosado a la conversación en FB sin tener arte ni parte. Además Sari había prometido hacer pan, no había excusas.
45 minutos y 5 canciones de la hinchada de Boca después del horario en que nos habíamos propuesto juntarnos, el 152 nos dejó a Sari y un servidor ahicito nomái de la puerta de la Reserva. O de lo que nosotros creímos era la puerta. Como a la media hora de llamar por teléfono y otear al horizonte en busca de un muchacho con pelos locos y una chica con un termo rojo gigante logramos juntarnos los 4 y adentrarnos en la reserva.


La reserva tiene varios circuitos posibles, y nosotros agarramos el que más nos alejaba del único lugar con banquitos y mesitas. Sin querer, obviamente. En el camino vimos poca fauna, aunque comparados con los gatos (cuadrúpedos y bípedos) y las palomas que se ven habitualmente por la ciudad, ya es mucho. Una tortuga, algún carancho, muchos cuises y ciclistas. Decir que cuando llegamos al descanso, ya nos estábamos volviendo porque un encargado en una camioneta bestial nos dijo que la reserva estaba cerrada, que había que salir. Para la próxima ya sabremos.

La más interesante fue meternos entre los árboles y explorar un poco. El lugar, pese a estar pobremente señalizado, no es difícil de recorrer. Y tampoco le vendrían mal un par más de zonas de esparcimiento, que una sola y en una esquina es realmente poco. Pareciera estar diseñado para eso, recorrerlo de un tirón e irse. No creo que la idea haya sido hacer un parque recreacional para los urbanitas tomadores de subte, sino un pulmón de la poca flora y fauna que no asfaltamos, pero creo que la gente lo estimaría más con un poco más de mimo.


Obviamente, después de caminar al rayo del sol toda la tarde en uno de los días más calurosos de lo que va de noviembre, necesitábamos reponer líquidos. Por lo que los 4 rajamos para Plaza Serrano ni bien se puso el sol.


Corte de luz

El corte de luz del miércoles pasado fue el primero que pasé en donde estoy viviendo ahora, luego de casi un año de mudarme. Nos agarró en el supermercado chino de a la vuelta, y creímos que era la cuadra nomás. Amarga sorpresa nos pegamos cuando vimos que era un poco más importante de lo que creíamos, después de subir los 9 pisos que separan la tierra del parquét por escalera con bolsas de comida y un bidón de agua mineral.

Mirando hacia Cabildo.

Mirando hacia General Paz. Detalle 1: bien al fondo y un poco hacia la izquierda, se ven las luces de Tecnópolis. Detalle 2: El edificio de la izquierda tenía un (ruidoso como hinchada de Alte. Brown) grupo electrógeno.
Problemas ciclísticos

Hace mucho tiempo que no uso de diario/bitácora este blog. Siempre cuelgo alguna foto y hago comentarios de algo 2 semanas después de que pasó, pero esto fue hoycito nomái. Tampoco es que haya sido una situación de vida o muerte che, se me pinchó la rueda. Que haya tenido que caminar desde los lagos de Palermo hasta casa (unas 70-80 cuadras) tirando de la gorda en llanta, es anecdótico. Y anécdota sosa, porque no pasó nada resaltable en esa horita de sudar detrás de señoras con changuito. Solo quiero aprovechar la oportunidad para subir esta imagen de las ruedas de la flaca en un día lluvioso.
Capital Federal

Cuando por alguna casualidad tengo que pensar en Capital Federal, una de las imágenes que se me vienen a la cabeza es esta.
Reunión

Este fue el segundo disco que compré en mi vida, y el primero de jazz (o algo por el estilo), en CD, obviamente. El tipo se metió de cabeza en un mueble que no hurgaba hace un buen tiempo y nos tiró el vinilo por la cabeza.

Luis. Fotógrafo. Cocinero. Aguanta nuestras estupideces.

Mamiya.

Matías, laburando de modelo mientras probaba el 24mm. de Luis. Próxima adquisición, dicho sea de paso.

Un servidor, por Luis. (Milhouse, baja esas cejas. Y la otra también).

Nota mental: volverme a autoinvitarme a su casa.
ANIMATE12!
Fue en Julio la ANIMATE de este año. Si, es primero de Octubre, qué cuernos hago subiendo 2 fotos de la expo que me volvió a gustar, a diferencia de la del año pasado?. Chusmeando entre las fotos de este año, encontré unas cuantas que jamás procesé, quizás por vagancia, quizás porque no me llamaban la atención. Recorrí la primer mitad del año y encontré una treintena de fotos que me gustaría rever, así que las que me vayan quedando más o menos gauchitas, las iré colgando.


Tengo demasiadas cosas dando vueltas en la cabeza últimamente. Ninguna sale, pero están todas ahí. Es como el Síndrome de los 3 Chiflados. Ya las voy a ir destilando.
Japanese Doll

Son tan ridículos de querer tener el mismo fondo de pantalla que yo?. Sientansenn en comodidad de hacerlo bajandoló desde este link. En resoluciones para 16:9 o 4:3. Hay una intermedia, creo que la 16:10, pero me olvidé de hacerla y ya subí el archivo a Dropbox. Lola.
Volver a Nacer

No me gustan para nada los títulos melosos, pero omitir el librito es imposible.
En otras noticias, me encanta sacar fotos.
A mayor tamaño, en Flickr
El último (¿?) de la flaca

Durante más de un año recorrí Capital hasta donde me daban las gambas a lomo de la flaca. Sin quejarse peleaba cabeza a cabeza con autos por Independencia o Monroe, o se metía en el viaducto Carranza como un 41 más, aunque soltaba algún CRAC cuando por error me metía por un empedrado. La compré cuando me había pintado lo hipster, aunque siempre fiel a mis locuras, quería no solo que fuera linda, sino que tuviera dientes. La encontré en Tribunales y me costó la tarjeta de débito, que se quedó a manera de regalo a los dioses olvidada en un cajero.


Hace no mucho tiempo me pegué mi primer golpe en la ciudad contra el redondo baúl de un Siena Blanco, el cual había quedado frenado en la intersección de Avenida de los Incas, Cramer y Avenida Elcano. Tuve suficiente reacción, incluso hasta para darme cuenta que no podía hacer nada más que atajar el auto con la cara, y eso es justamente lo que hice. Frené una vez, frené una segunda hasta clavarla, y cuando la patita de atrás empezó a patinar como cuchillo en manteca, clavé el de adelante e hice una pirueta digna de 7.4 en gimnasia artística. La bici no se hizo nada, aunque yo rengueé semana y pico, y la barba ocultó bastante el cortecito en el mentón. Tardé más de un mes en volver a subirme, aunque hacía algún mandando en la bici de Sari.
Todo bien con lo cancheras que son las 20-622 de menos de una pulgada de ancho, pero cuando toca morderse al asfalto, esas cubiertas solo sirven para dibujar una fina línea negra. Pensé en cambiarlas, junto con los aros y los piñones, poner una masa flip-flop, incluso pensé en abaratar y poner una con freno contrapedal y hacerla más minimalista todavía… Pero sigue estando el inconveniente del tamaño. Es un cuadro chico, tanto que si doblo muy ajustado, la rueda de adelante me toca un pie, a veces comprometiendo mi pobre estabilidad.

Las imágenes que acompañan las hice en el que, inconscientemente, fue el último paseo que me di con la flaca. Fue hace un par de sábados, disfrutando del primer día lindo de la temporada.

Adriano, un compañero de laburo, me había hablado de su bicicleta en el verano, un lindo aparato que tenía olvidado en su garage. Era la antítesis, la antípoda ciclística de la flaca, aunque mucho más propicia para la manera en que manejo y manejé siempre. A lo bruto. En su momento no me llamó la atención, pero meses después, recordaba con nostalgia trepar cordones, tirarme por escaleras y pegar algún que otro salto. Y frenar.

Sucia, con golpes bastante fuleros, un poco de óxido y demasiados tornillos allen, hace unas semanas me traje a la gorda. La noche anterior me quedé hasta tarde limpiando a su antecesora, desarmandolá para hacer lugar (EL problema de vivir en 20 metros cuadrados) y eligiendo su lugar de descanso hasta que algún alma se apiade de su complicada hermosura, o me pinte lo bohemio y ataque Libertador al grito de “sufran enlatados, sufran!”

La pipa y la niebla

Hoy desentono terriblemente con esta imagen. El sol me pega en la cara, me duelen las piernas de pelear contra el viento y los coches, y para sumarle, me lo cruzo a Luis con su chaleco y su Pen, me sonríe, me caga a pedo, y se va con sus amigos, algunos de los miles que lo quieren.
Hoy es sol, Coca, pizza y mojitos.
Tomada aquella noche.
Fe de erratas: Donde se lee “algunos de los miles que lo quieren” debería leerse “algunos de los miles que lo queremos”. Porque debemos ser miles.
Una noche en el Colón

Del lado de afuera.
Pero igual la pasamos muy bien sacandonos fotos en ese ambiente tan extraño que nos propuso la plaza del Teatro Colón recién estrenadita, una espesa niebla que nos acompaña hace semanas, y de invitados especiales: Car y Diego, quienes no tuvieron mejor idea que venirse de vacaciones a Capital…



Noches

Siempre intenté evitar de cualquier manera el mandato familiar de acostarme a las 10 de la noche. Desde hacerme el zonzo y poner cara de “yo no fuí” mientras en la tele decían que había terminado el horario de protección al menor, hasta entreabrir un centímetro la puerta de la habitación que compartía con mi hermana para ver lo que estuvieran viendo mis viejos. Lo mío definitivamente no era dormir.
Quizás mi primer grito de independencia fue un domingo a la mañana. Ya gozando de la soledad de mi ático me levanté más temprano de lo habitual, bajé para hacerme una chocolatada y ver la previa de F1. Mientras miraba, recordé un par de televisores de 4″ en blanco y negro que mi viejo había comprado durante el 1 a 1 en Europa (o acá, la verdad es que no me acuerdo) y que estaban olvidados en algún lado. Cacé papel y lápiz y diseñé un puenteo en el cable de Cablevisión dirigido hacia mi habitación, justo encima. A mis viejos no les pareció mala idea y así pasé de acostarme religiosamente a las 22, a colgar mirando programación trasnochadora en esa pantalla poco más grande que la de un celular. Desde Waku-Waku en Canal 9, a las pelis de frota-frota que daban a las 2 de la mañana en América. Noticieros del campo a las 6, o South Park los sábados a la noche.
Pese a que inicialmente toda esta cuestión giraba en torno al bendito aparato audiovisual, y aunque parezca contradictorio, el hecho de empezar a trasnochar hizo que empezara a leer. Así conocí a Harry Potter, a Juan Salvo y a la infinidad de personajes que aparecían en el Lazermail. De a poco la computadora reemplazó al televisor, y la llegada de la banda ancha lo dejó como segunda opción cuando no había nadie con quien chatear. Encontré gente que compartía ese gusto, y más de una vez nos dimos cuenta que ese 5to termo de mate era más bien un desayuno y merecía unas facturas.
Hoy, la perspectiva de estar en estado de zombie durante toda la mañana en la oficina, y el cansancio que genera vivir en esta ciudad, hacen que no pase de las 12 sin estar entre sábanas.
Aún así, no son pocas las veces que me desvelo gracias a una buena conversación, una cena tardía, o una siesta inesperada. Es en esos momentos que me deleito con un edificio en silencio, con la media luz de una lamparita incandescente, la lenta respiración de Sari y el 41 intentando adelantarse al semáforo.
The pasta maker

Vacaciones. Ese regalo que nos hacen para creer que seguimos teniendo tiempo para nosotros. Ese huequito que nos inventamos entre la rutina del lunes y la del viernes para salir a la calle de día o de noche, para acostarnos sin ver que la alarma del teléfono esté bien puesta y para despertarnos a la misma hora de siempre, pero sin pensar que es tarde.
La semana pasada me tomé unos días fuera del trabajo, 7 días que me habían quedado del verano. 5, en realidad, porque el fin de semana no trabajo, pero que por alguna razón legal que no termino de entender y que no me terminaron de explicar, son 7. Y como hacía ya bastante tiempo que no me daba una vuelta por la casa de mis viejos, hacia allá fuimos con la Sari y nuestros bártulos, a que nos den de comer y a volver a dormir en cama de 1 plaza. Y comimos y dormimos. Y comimos…
Uno de mis primeros y únicos recuerdos que se me vienen a la cabeza de costumbres que tenía mi familia cuando era muy chico y aún vivía en Capital Federal, es la de un domingo perdido hacer fideos caseros. De algún lado salía la Pastalinda, siempre envuelta en una bolsa. Creo recordar ver un palo de escoba apoyado sobre dos sillas y los largos fideos secandose dentro del comedor, mientras que mi viejo seguía metiendo planchas de masa dentro de la máquina. Quedaba fascinado por todo el proceso, desde el volcán de harina y huevos, hasta el platazo de fideos con tuco que me ponían adelante, mientras de fondo se escuchaba la Fórmula 1 por Telefé.
Hace un par de domingos volvimos de hacer compras con mi vieja y Car, y ahí estaba la vieja Pastalinda tan reluciente como la primera vez que la ví, con sus letras pintadas en rojo vivo sobre el acero inoxidable. Estaban las planchas de masa, esos óvalos cada vez más finos, la harina esparcida sobre la misma mesa de hace 20 años (solo que a 300 kilómetros de distancia de su posición original). La escena era ligeramente diferente: no era mi vieja la que le cebaba mates a mi viejo mientras le daba a la manivela, era Sari que estaba recién levantada. La Fórmula 1 ahora tiene Kers, DRS y la dan por cable, pero el sonido era más o menos el mismo.
Los fideos siguen siendo igual de ricos.

The maker

The pasta maker









