Siempre lo mismo | Le rat

Vengo haciendo las mismas fotos desde hace años. Hace rato que el agua se estancó, y yo sigo chapaleando, un poco por costumbre, un poco porque no se hacer otra cosa. Ya no me pregunto a dónde irá a parar, me dedico a ver equipo y a pensar en dónde voy a guardar todo.
Tengo un librito, un ebookcito en realidad, en mente. Y en una colección de Lightroom también. Nada comercial, nada especial, solo unas 12-15 imágenes de una vida que me inventé y me salió linda.
Iba caminando al trabajo por la ruta habitual, la que esquiva la fila de un par de cuadras de lo que me gusta llamar “la marea gris”, decenas de autos mas o menos iguales, de mas o menos el mismo color, tripulados por más o menos la misma gente: padres y madres, trabajadores de distintos rubros, urgidos por llegar a escuelas y trabajos. Por suerte tienen auto. Es raro, ahora veo casi todo en tonos de grises, incluso el Gol rojo que está estacionado medio en la senda peatonal. Uno de la metro le iluminó las ventanillas con una linterna y volvió a refugiarse de la llovizna. También esquiva una escuela primaria que se llena de padres que estacionan en doble fila, y reniegan porque los nenes no tienen suficiente abrigo.
Mi camino no está exento de familias, pero las pocas que me cruzo van caminando. Venía en lo mío y veo a esta señorita. Quizás sea señorito, pero me gusta pensar que es una dama. Que fue una dama. Como me pasa siempre, pensé en el medio kilo de plástico negro y vidrio que llevo de acá para allá en la mochila pero, como de costumbre, me dio vergüenza. Hice 3 pasos más, frené. Me dio más vergüenza. Levanté la vista, una familia a 50 metros. “Mamá, ¿por qué ese señor de barba rara le está sacando una foto al piso?” “¡Hay una rata muerta mamá!” “Mamá, por qué las cosas mueren?” “¿Podemos pasar por el kiosco?”. Si llegaba rápido a la esquina, le salvaba la mañana a la señora. Dos fotos, volví a caminar.
Miro la foto días más tarde y pienso que murió puteando, con las manitos cerradas y la vista perdida, puteando a un bondi que no le paró.
Pedal – 2:1

Jueves feriado. Un feriado que por lo que tengo entendido, hace rato se viene discutiendo si es una fecha verdaderamente festejable y feriadable. Mis flacos conocimientos de historia me dicen que se eligieron algunos símbolos patrios, se puso en la mesa la formación de este país que nos deja que lo pisoteemos, pero que todo terminó en un quilombo. Como si hubiera sido ayer, che.
Jueves de calor pesadón. De ese que se te pegostea la remera por más que estés a la sombra y con botellita de agua. No tanto como hoy, pero jodido. Un día digno de ser transitado en un espejo de agua artificial o no, mínimo. Que qué se me ocurrió?. Pues hacerme 15 kilómetros en la bicicleta a ver si refrescaba en el camino, eso se me ocurrió.

Primero la habitual. Ugarte-Ciudad de la Paz-Echeverría (o Mendoza, como en este caso)-Figueroa Alcorta. Me encantan estas curvas, los semáforos eternos, el puente peatonal-ciclístico enorme para pasar por encima de las vías del tren, la Lugones y la Cantilo al mismo tiempo. Ya lo había cruzado un par de veces, pero nunca me había sumergido en Ciudad Universitaria, al otro lado del puente. Prometo volver y hacerle honor a tremenda estructura de hormigón.

Miento, ya había estado en Ciudad Universitaria, y mientras el bondi nos sacaba de ahí le dije a Sari que quería volver a hacer alguna foto. Y ahí estaba. Me dí una vuelta por las calles que servían de peatonal para los que iban a las piletas, y para principiantes que intentaban manejar por primera o segunda vez. Muy lindos los edificios trememundamente aburridos y lo grisáceo que es todo (el día no ayudaba tampoco), pero yo quería explorar un poquito, asi que me fui metiendo entre los edificios y fui a parar a una cava, o dique, o canal o lo que cuernos fuera. Una foto, en Flickr.

Resulta que hay un puente ahí coloradazo a medio terminar medio a propósito, cerrado por una reja. Conecta Ciudad con la Reserva Costanera Norte, mucho más chiquita que la de Costanera Sur, pero posible futuro destino aventureril en cuanto la temperatura lo permita. Aunque viendo Google Maps, no parece que hubiera una entrada muy pública que digamos. Ampliaremos.

Cosas que la gente va dejando escrita en el puente. Y por todos lados graffitis, que fueron debidamente retratados, pero que no los incluí por cuestiones meramente artísticas y porque no se me cantó.

Pasando el puente nos encontramos con estos monolitos que prometieron hace muchos años transformarse en las bases de algún edificio muy útil, pero que ahora solo sirven para que gente con un cagazo tremendo coraje baje por el paredoncito y se haga el postapocalíptico.

Y como para ir cerrando, líneas. Muchas, en muchos ángulos y de distintos materiales.
Por qué recorte tan brutalmente las imágenes que el vapuleado sensor de la D40 me devuelve? Primero porque puedo. Segundo porque vi en un blog que no me acuerdo una pequeña galería de fotos en 12″x6″ y me gustó lo panorámico que resulta, sin ser algo demasiado gomoso. Es un lindo ratio, entre un panorámico de X fotos y un 16:9 cinematográfico, el cual ya he usado bastante por acá.
Después, la familia bien, el perro ahí anda, en casa tienen bomba de agua y yo me encontré una pelota de tenis.
Tormenta

100 fotos. Y la 101 seguramente hubiera sido mejor.
Ya voy a tener más a mano la nubesota y voy a poder hacer cosas como las que hice aquella vez.
Capital Federal

Cuando por alguna casualidad tengo que pensar en Capital Federal, una de las imágenes que se me vienen a la cabeza es esta.
Reunión

Este fue el segundo disco que compré en mi vida, y el primero de jazz (o algo por el estilo), en CD, obviamente. El tipo se metió de cabeza en un mueble que no hurgaba hace un buen tiempo y nos tiró el vinilo por la cabeza.

Luis. Fotógrafo. Cocinero. Aguanta nuestras estupideces.

Mamiya.

Matías, laburando de modelo mientras probaba el 24mm. de Luis. Próxima adquisición, dicho sea de paso.

Un servidor, por Luis. (Milhouse, baja esas cejas. Y la otra también).

Nota mental: volverme a autoinvitarme a su casa.
Volver a Nacer

No me gustan para nada los títulos melosos, pero omitir el librito es imposible.
En otras noticias, me encanta sacar fotos.
A mayor tamaño, en Flickr
El último (¿?) de la flaca

Durante más de un año recorrí Capital hasta donde me daban las gambas a lomo de la flaca. Sin quejarse peleaba cabeza a cabeza con autos por Independencia o Monroe, o se metía en el viaducto Carranza como un 41 más, aunque soltaba algún CRAC cuando por error me metía por un empedrado. La compré cuando me había pintado lo hipster, aunque siempre fiel a mis locuras, quería no solo que fuera linda, sino que tuviera dientes. La encontré en Tribunales y me costó la tarjeta de débito, que se quedó a manera de regalo a los dioses olvidada en un cajero.


Hace no mucho tiempo me pegué mi primer golpe en la ciudad contra el redondo baúl de un Siena Blanco, el cual había quedado frenado en la intersección de Avenida de los Incas, Cramer y Avenida Elcano. Tuve suficiente reacción, incluso hasta para darme cuenta que no podía hacer nada más que atajar el auto con la cara, y eso es justamente lo que hice. Frené una vez, frené una segunda hasta clavarla, y cuando la patita de atrás empezó a patinar como cuchillo en manteca, clavé el de adelante e hice una pirueta digna de 7.4 en gimnasia artística. La bici no se hizo nada, aunque yo rengueé semana y pico, y la barba ocultó bastante el cortecito en el mentón. Tardé más de un mes en volver a subirme, aunque hacía algún mandando en la bici de Sari.
Todo bien con lo cancheras que son las 20-622 de menos de una pulgada de ancho, pero cuando toca morderse al asfalto, esas cubiertas solo sirven para dibujar una fina línea negra. Pensé en cambiarlas, junto con los aros y los piñones, poner una masa flip-flop, incluso pensé en abaratar y poner una con freno contrapedal y hacerla más minimalista todavía… Pero sigue estando el inconveniente del tamaño. Es un cuadro chico, tanto que si doblo muy ajustado, la rueda de adelante me toca un pie, a veces comprometiendo mi pobre estabilidad.

Las imágenes que acompañan las hice en el que, inconscientemente, fue el último paseo que me di con la flaca. Fue hace un par de sábados, disfrutando del primer día lindo de la temporada.

Adriano, un compañero de laburo, me había hablado de su bicicleta en el verano, un lindo aparato que tenía olvidado en su garage. Era la antítesis, la antípoda ciclística de la flaca, aunque mucho más propicia para la manera en que manejo y manejé siempre. A lo bruto. En su momento no me llamó la atención, pero meses después, recordaba con nostalgia trepar cordones, tirarme por escaleras y pegar algún que otro salto. Y frenar.

Sucia, con golpes bastante fuleros, un poco de óxido y demasiados tornillos allen, hace unas semanas me traje a la gorda. La noche anterior me quedé hasta tarde limpiando a su antecesora, desarmandolá para hacer lugar (EL problema de vivir en 20 metros cuadrados) y eligiendo su lugar de descanso hasta que algún alma se apiade de su complicada hermosura, o me pinte lo bohemio y ataque Libertador al grito de “sufran enlatados, sufran!”

La pipa y la niebla

Hoy desentono terriblemente con esta imagen. El sol me pega en la cara, me duelen las piernas de pelear contra el viento y los coches, y para sumarle, me lo cruzo a Luis con su chaleco y su Pen, me sonríe, me caga a pedo, y se va con sus amigos, algunos de los miles que lo quieren.
Hoy es sol, Coca, pizza y mojitos.
Tomada aquella noche.
Fe de erratas: Donde se lee “algunos de los miles que lo quieren” debería leerse “algunos de los miles que lo queremos”. Porque debemos ser miles.
Noches

Siempre intenté evitar de cualquier manera el mandato familiar de acostarme a las 10 de la noche. Desde hacerme el zonzo y poner cara de “yo no fuí” mientras en la tele decían que había terminado el horario de protección al menor, hasta entreabrir un centímetro la puerta de la habitación que compartía con mi hermana para ver lo que estuvieran viendo mis viejos. Lo mío definitivamente no era dormir.
Quizás mi primer grito de independencia fue un domingo a la mañana. Ya gozando de la soledad de mi ático me levanté más temprano de lo habitual, bajé para hacerme una chocolatada y ver la previa de F1. Mientras miraba, recordé un par de televisores de 4″ en blanco y negro que mi viejo había comprado durante el 1 a 1 en Europa (o acá, la verdad es que no me acuerdo) y que estaban olvidados en algún lado. Cacé papel y lápiz y diseñé un puenteo en el cable de Cablevisión dirigido hacia mi habitación, justo encima. A mis viejos no les pareció mala idea y así pasé de acostarme religiosamente a las 22, a colgar mirando programación trasnochadora en esa pantalla poco más grande que la de un celular. Desde Waku-Waku en Canal 9, a las pelis de frota-frota que daban a las 2 de la mañana en América. Noticieros del campo a las 6, o South Park los sábados a la noche.
Pese a que inicialmente toda esta cuestión giraba en torno al bendito aparato audiovisual, y aunque parezca contradictorio, el hecho de empezar a trasnochar hizo que empezara a leer. Así conocí a Harry Potter, a Juan Salvo y a la infinidad de personajes que aparecían en el Lazermail. De a poco la computadora reemplazó al televisor, y la llegada de la banda ancha lo dejó como segunda opción cuando no había nadie con quien chatear. Encontré gente que compartía ese gusto, y más de una vez nos dimos cuenta que ese 5to termo de mate era más bien un desayuno y merecía unas facturas.
Hoy, la perspectiva de estar en estado de zombie durante toda la mañana en la oficina, y el cansancio que genera vivir en esta ciudad, hacen que no pase de las 12 sin estar entre sábanas.
Aún así, no son pocas las veces que me desvelo gracias a una buena conversación, una cena tardía, o una siesta inesperada. Es en esos momentos que me deleito con un edificio en silencio, con la media luz de una lamparita incandescente, la lenta respiración de Sari y el 41 intentando adelantarse al semáforo.
Museo del Bicentenario

¿Tengo que mencionar que llegamos de casualidad?. Íbamos a Costanera Norte, pero en el camino pasamos por San Telmo y ahí nos bajamos. Paseamos por ahí, comimos alguna cosita y seguimos caminando hasta darnos de frente con la Casa Rosada. Vimos gente entrando, como para una visita guiada. Pero me llamó la atención atrás de la casa rosa viejo, había unos techos raros y una cola mucho más chica. A ver qué pasa.
Resultó ser el Museo del Bicentenario, un lugar con una arquitectura bien modernosa por fuera, y las ruinas de la Aduana por debajo. Lo lamento por la cantidad de historia que hay ahí debajo entre los mismos ladrillos, hasta el sombrero de algún presidente, pero el olor KaPeroncho que se siente es un poco denso. Puede que se escuden en que uno arranca por los primeros años y luego llega a la actualidad, pero el diseño es otro y la gente no lo usa así. Camina por el corredor principal, con cuadros, ruinas y autos hasta el final, donde dobla y arranca por un muy buen puesto sector dedicado a la presidencia kirchnerista, y empieza a volver yendo de los últimos años, pasando por Duhalde, Menem y Alfonsín, hasta los primeros años de esta tan gauchita nación.
Pero bueh, que yo me dedico a otra cosa.





Saliendo

Hay un momento de la vida en que un nene se cree hombre y decide serlo. Y hay otros tantos momentos en que deja de mentirse. La diferencia no es quién lo hace y quien no. Ni siquiera cuándo. Es por qué y es con quién. ¿Qué nos hace pensar que es hora de salir de casa?. ¿Y qué nos hace volver?. ¿Qué nos hace creer que nuestra casa era esa que creíamos?. ¿Dónde guardo mis libros?. ¿Y mis fotos?. ¿Quién nos hace gritar, y quién nos hace callar?. ¿Quién nos hace abrir los ojos, y quién nos deja cerrarlos?.
Mi idea es ir juntando esos quienes y esos por qué.
[Matías saliendo del departamento, un domingo distinto]
Terrible mezcolanza en San Telmo
Y encima de todo, le agrego el asunto de que son de 2 salidas distintas.
Fotoo
Hola, me llamo Ernesto Amelie Monroe.
-Estoy buscando pies de marineros.
-Ah sisi, hable con mi marido.
Al infinito y hasta donde lleguemos.
Un señor en una maceta, y otro tomando del pico. O “Dos realidades”. O “Francia y French”.
Muy langa. (Lo corrí, lo embosqué y le dí las gracias)
¿Y ustedes dos qué hacen?
1906-2006
Raros peinados nuevos, las mismas discusiones de siempre.
250 mangos por un pedazo de armario vacío.
Delivery

Mientras termino de procesar las fotos que estuvimos haciendo con Matias Aimar por San Telmo, subo esta que saqué por Scalabrini Ortíz, minutos después de que me anotara en el curso de fotografía documental. Tuve una especie de arrancón documentalista/depravado/stalker y corrí a este muchacho por unas cuantas cuadras.
100 TMAX y la Pentax que no quiere

Iba caminando por Cabildo haciendo un par de mandados y vi un local donde había trípodes de precios y largos varios. Ando buscando alguno que pueda entrar en la mochila. También ando buscando algo nuevo para hacer, y el olor que venía del fondo del local me dio la idea. La cantidad de cosas que se disparan en mi cabeza cuando el olor a los químicos del lab me entra por el zapallito que tengo por nariz es increíble. Casi hipnotizado entré, viendo qué tipos de película tenían. Y ahí lo ví, entre otros pocos como él, medio arrinconado dando lugar a otros más populares (si le podemos decir popular a la película). Cuando llegué al departamento lo cargué a puras prisas y salí raudo a la calle. Tan raudo que me dejé la llave adentro…
La Pentax me está diciendo “buenas tardes”. Hace ya un par de años que mover la manivela para cargar se transforma en una aventura. Esta vez la cosa está más brava, y habiendo podido sacar solo 3 o 4 fotos, llegué al tope del rollo. Se debe haber gastado algo, la verdad que no se qué, pero no traba. Me mandé una, rebobinando a ojo. Quizás pueda exprimirle 5 o 6 tiros mas. Habrá que buscar alguien que arregle cámaras de las viejas, de estas que es al pedo mirar la parte de atrás buscando la foto que acabas de tomar. Qué feo reflejo.
San Miguel del Monte
El sábado a la tarde me tomé un micro a San Miguel del Monte, a pasar el fin de semana con Sari y sus viejos. Cosas para contar miles, pero un día nos juntamos, tomamos unos mates y les cuento.
Ahora les dejo unas fotos que hice la mañana del domingo bien tempranito.

Esos son bigüás. Son muchísimos, son enormes, hacen ruidos raros y cagan de a medio kilo por vez.


A veces tengo ganas de tener un lente bieeeeen cortito.

Un buen día volverá el color.
Chinos [supongo]






Estaban en el pre-festejo del Año Nuevo Chino, por lo que hay muchas chances de que sean chinos.
Camión

Esta foto la veo y la vuelvo a mirar. No se si incluirla o no. No se si representa lo que estoy buscando, o si alguna otra que saqué ese mediodía de censo y ex presidente muerto es mejor. El asunto es que me gusta, y dependiendo del ánimo que tenga esa noche en que terminaré de armar la serie que estoy preparando –quizás la que más pedaleo me está llevando– será manda a imprimir o no.
5 meses después
5 meses después de tomada, esta foto me gusta. Aunque se que es un cliché gigantesco.















