Pedal – 2:1

Jueves feriado. Un feriado que por lo que tengo entendido, hace rato se viene discutiendo si es una fecha verdaderamente festejable y feriadable. Mis flacos conocimientos de historia me dicen que se eligieron algunos símbolos patrios, se puso en la mesa la formación de este país que nos deja que lo pisoteemos, pero que todo terminó en un quilombo. Como si hubiera sido ayer, che.
Jueves de calor pesadón. De ese que se te pegostea la remera por más que estés a la sombra y con botellita de agua. No tanto como hoy, pero jodido. Un día digno de ser transitado en un espejo de agua artificial o no, mínimo. Que qué se me ocurrió?. Pues hacerme 15 kilómetros en la bicicleta a ver si refrescaba en el camino, eso se me ocurrió.

Primero la habitual. Ugarte-Ciudad de la Paz-Echeverría (o Mendoza, como en este caso)-Figueroa Alcorta. Me encantan estas curvas, los semáforos eternos, el puente peatonal-ciclístico enorme para pasar por encima de las vías del tren, la Lugones y la Cantilo al mismo tiempo. Ya lo había cruzado un par de veces, pero nunca me había sumergido en Ciudad Universitaria, al otro lado del puente. Prometo volver y hacerle honor a tremenda estructura de hormigón.

Miento, ya había estado en Ciudad Universitaria, y mientras el bondi nos sacaba de ahí le dije a Sari que quería volver a hacer alguna foto. Y ahí estaba. Me dí una vuelta por las calles que servían de peatonal para los que iban a las piletas, y para principiantes que intentaban manejar por primera o segunda vez. Muy lindos los edificios trememundamente aburridos y lo grisáceo que es todo (el día no ayudaba tampoco), pero yo quería explorar un poquito, asi que me fui metiendo entre los edificios y fui a parar a una cava, o dique, o canal o lo que cuernos fuera. Una foto, en Flickr.

Resulta que hay un puente ahí coloradazo a medio terminar medio a propósito, cerrado por una reja. Conecta Ciudad con la Reserva Costanera Norte, mucho más chiquita que la de Costanera Sur, pero posible futuro destino aventureril en cuanto la temperatura lo permita. Aunque viendo Google Maps, no parece que hubiera una entrada muy pública que digamos. Ampliaremos.

Cosas que la gente va dejando escrita en el puente. Y por todos lados graffitis, que fueron debidamente retratados, pero que no los incluí por cuestiones meramente artísticas y porque no se me cantó.

Pasando el puente nos encontramos con estos monolitos que prometieron hace muchos años transformarse en las bases de algún edificio muy útil, pero que ahora solo sirven para que gente con un cagazo tremendo coraje baje por el paredoncito y se haga el postapocalíptico.

Y como para ir cerrando, líneas. Muchas, en muchos ángulos y de distintos materiales.
Por qué recorte tan brutalmente las imágenes que el vapuleado sensor de la D40 me devuelve? Primero porque puedo. Segundo porque vi en un blog que no me acuerdo una pequeña galería de fotos en 12″x6″ y me gustó lo panorámico que resulta, sin ser algo demasiado gomoso. Es un lindo ratio, entre un panorámico de X fotos y un 16:9 cinematográfico, el cual ya he usado bastante por acá.
Después, la familia bien, el perro ahí anda, en casa tienen bomba de agua y yo me encontré una pelota de tenis.
Problemas ciclísticos

Hace mucho tiempo que no uso de diario/bitácora este blog. Siempre cuelgo alguna foto y hago comentarios de algo 2 semanas después de que pasó, pero esto fue hoycito nomái. Tampoco es que haya sido una situación de vida o muerte che, se me pinchó la rueda. Que haya tenido que caminar desde los lagos de Palermo hasta casa (unas 70-80 cuadras) tirando de la gorda en llanta, es anecdótico. Y anécdota sosa, porque no pasó nada resaltable en esa horita de sudar detrás de señoras con changuito. Solo quiero aprovechar la oportunidad para subir esta imagen de las ruedas de la flaca en un día lluvioso.
El último (¿?) de la flaca

Durante más de un año recorrí Capital hasta donde me daban las gambas a lomo de la flaca. Sin quejarse peleaba cabeza a cabeza con autos por Independencia o Monroe, o se metía en el viaducto Carranza como un 41 más, aunque soltaba algún CRAC cuando por error me metía por un empedrado. La compré cuando me había pintado lo hipster, aunque siempre fiel a mis locuras, quería no solo que fuera linda, sino que tuviera dientes. La encontré en Tribunales y me costó la tarjeta de débito, que se quedó a manera de regalo a los dioses olvidada en un cajero.


Hace no mucho tiempo me pegué mi primer golpe en la ciudad contra el redondo baúl de un Siena Blanco, el cual había quedado frenado en la intersección de Avenida de los Incas, Cramer y Avenida Elcano. Tuve suficiente reacción, incluso hasta para darme cuenta que no podía hacer nada más que atajar el auto con la cara, y eso es justamente lo que hice. Frené una vez, frené una segunda hasta clavarla, y cuando la patita de atrás empezó a patinar como cuchillo en manteca, clavé el de adelante e hice una pirueta digna de 7.4 en gimnasia artística. La bici no se hizo nada, aunque yo rengueé semana y pico, y la barba ocultó bastante el cortecito en el mentón. Tardé más de un mes en volver a subirme, aunque hacía algún mandando en la bici de Sari.
Todo bien con lo cancheras que son las 20-622 de menos de una pulgada de ancho, pero cuando toca morderse al asfalto, esas cubiertas solo sirven para dibujar una fina línea negra. Pensé en cambiarlas, junto con los aros y los piñones, poner una masa flip-flop, incluso pensé en abaratar y poner una con freno contrapedal y hacerla más minimalista todavía… Pero sigue estando el inconveniente del tamaño. Es un cuadro chico, tanto que si doblo muy ajustado, la rueda de adelante me toca un pie, a veces comprometiendo mi pobre estabilidad.

Las imágenes que acompañan las hice en el que, inconscientemente, fue el último paseo que me di con la flaca. Fue hace un par de sábados, disfrutando del primer día lindo de la temporada.

Adriano, un compañero de laburo, me había hablado de su bicicleta en el verano, un lindo aparato que tenía olvidado en su garage. Era la antítesis, la antípoda ciclística de la flaca, aunque mucho más propicia para la manera en que manejo y manejé siempre. A lo bruto. En su momento no me llamó la atención, pero meses después, recordaba con nostalgia trepar cordones, tirarme por escaleras y pegar algún que otro salto. Y frenar.

Sucia, con golpes bastante fuleros, un poco de óxido y demasiados tornillos allen, hace unas semanas me traje a la gorda. La noche anterior me quedé hasta tarde limpiando a su antecesora, desarmandolá para hacer lugar (EL problema de vivir en 20 metros cuadrados) y eligiendo su lugar de descanso hasta que algún alma se apiade de su complicada hermosura, o me pinte lo bohemio y ataque Libertador al grito de “sufran enlatados, sufran!”

Un paseo

Un lindo jueves con 28º del lado de afuera se me ocurrió que era una excelente idea armar una mochilita, ponerme los cortos y salir a pedalear un rato. La verdad es que fue medio exagerado andar con ese peso encima, pero ya que llevaba la cámara, justifiquemos por si las moscas. Ahora que estoy más quieto que hace unas horas, recuerdo algunas anotaciones que no hice en ese cuadernito negro, simples conversaciones que tengo en voz alta con la heladera mientras lavo los platos, acerca de la bicicleta. Hasta se me ocurrió pensar que era el prólogo de un libro. No recuerdo exactamente que gansadas estuve dictando a esta secretaria enorme y llena de imanes, pero básicamente era de lo bien que se la pasa en ese rombo de caño, de cómo los problemas se alejan a cada patada pero solo para verse más claros. De cómo el viento cambia en cada esquina dándote nuevas ideas y nuevos peinados (eso si tuviera pelo). Quizás tenga que ver con la concentración que se necesita para no ser pisado por algún conductor de automóvil que cree que las calles fueron hechas para él/ella, o en esquivar baches que harían volar la mitad de tus dientes. Ni hablar de esa cosa mágica te recorre las venas cuando apurás el tranco para pasar un camión, o cuando te reencontrás con el sillón y decidís que bien podrías pasar el resto del día ahí. Es lindo andar en bici.




Según Google Maps y mi precaria memoria, fueron alrededor de 24 kilómetros.
Me compré una bici

Le hace falta un poco de cariño y algún que otro repuesto, pero así y todo cruzamos un pedacito de Capital esquivando taxis y colectivos, al grito de “sufran enlatados, sufran!” a toda velocidad.
Bicicleta y ventanas

O es que Casares se está abandonando a si mismo, o soy yo que solo tengo ojos para lo despachado. Hace algo así como una semana que vengo disparándole a todo lo oxidado que me cruzo. Este cuadro de playera estaba en la vereda de un lugar donde venden cosas usadas, viejas. Desde desvencijadas mesas hasta heladeras haciendo juego. Mucha cosa fotografiable, alguna de ellas ya guardada en el disco duro.
Esta imagen me cayó simpática por los tonos pasteles y verduzcos que conseguí (apenas hay unos golpecitos con Lightroom) y porque me pregunto quién compraría una bicicleta en ese estado pudiendo levantarla de cualquier tacho de basura. Quizás ayuda que me encantan esas ventanas.
Paseo a Arias
El clima del viernes 30 de mayo (niebla, humedad y frío) auspiciaba un fin de semana ideal para hacer unas fotos que tenía ganas de hacer hace rato, solo era cuestión de ponerme las pilas y salir en la bicicleta. Pero el sábado me desperté a cualquier hora y el domingo estaba a medio enfermar, asi que lo pospuse. Este sábado, con un clima espectacular, pero no el que yo quería, inflé la bicla, armé la mochila y salí. Para los que no son de acá, les aclaro que es una importante pedaleada. No es algo imposible o alocado, ya que en el camino me crucé a varios ciclistas, y es destino habitual de muchos, pero para este escritorista computacional, los 11 kilómetros que hay hasta allá son muchos.
Fui parando en varios lugares, pero básicamente lo hice de un solo tirón, y la vuelta casi ni paré para nada. Cuando llegué a casa me bañé, me senté en la computadora media hora y me fui a dormir. 2 horas después volvía a ser yo mismo.
Rastrojo, pero en la cuneta. Recién ahora se están dando cuenta de que tanto espacio entre la cuneta y los alambrados es de gusto…
Luego de transpirar como no se debe transpirar en junio, llegué. Y no, esa bici no la encontré tirada en el camino, es mía.
La pequeña Francia, donde saqué esta y esta foto. Esta en particular está hecha con 3 tomas distintas, a lo panorama vertical.
Obviamente la cámara se comió un par de golpes en el viajecito…
Un viejo tanque vertical todavía funcionando. No me había llevado nada de agua, asi que ver como rebalsaba me dio mucha sed. Pensé bastante en cruzar el alambrado y tomar un poco, pero preferí evitar la posible cagada a pedos y la posible intoxicación.
Todo muy lindo, pero había que volver. Encontré varios lugares copados donde ponerme a ver pasar los ciclistas que transitan constantemente la ruta, pero las pocas fotos que hice quedaron muy mal. Cuando las piernas me dejen de temblar, quizás vuelva a ver qué puedo hacer.
NAG+Negra (NACH+Negra)
Otro graffiti, este bastante grande, encontrado de casualidad mientras iba a trabajar. Está en la Plaza Gardel, plaza ridículamente extraña. Acompañando y balanceando la foto, la negra, rescatada de las profundidades de mi garage cuando me aburrí de andar en la playera. Ahora está en la bicicletería siendo refaccionada después de dejarme las manos negras de grasa en el medio del centro…
[Cualquier parecido con algunas de las 60.000 fotos de este señor, no es pura coincidencia]
