fotos y otros delirios de pramundo

Catarsis

Siempre lo mismo | Le rat

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Vengo haciendo las mismas fotos desde hace años. Hace rato que el agua se estancó, y yo sigo chapaleando, un poco por costumbre, un poco porque no se hacer otra cosa. Ya no me pregunto a dónde irá a parar, me dedico a ver equipo y a pensar en dónde voy a guardar todo.

Tengo un librito, un ebookcito en realidad, en mente. Y en una colección de Lightroom también. Nada comercial, nada especial, solo unas 12-15 imágenes de una vida que me inventé y me salió linda.

Iba caminando al trabajo por la ruta habitual, la que esquiva la fila de un par de cuadras de lo que me gusta llamar “la marea gris”, decenas de autos mas o menos iguales, de mas o menos el mismo color, tripulados por más o menos la misma gente: padres y madres, trabajadores de distintos rubros, urgidos por llegar a escuelas y trabajos. Por suerte tienen auto. Es raro, ahora veo casi todo en tonos de grises, incluso el Gol rojo que está estacionado medio en la senda peatonal. Uno de la metro le iluminó las ventanillas con una linterna y volvió a refugiarse de la llovizna. También esquiva una escuela primaria que se llena de padres que estacionan en doble fila, y reniegan porque los nenes no tienen suficiente abrigo.

Mi camino no está exento de familias, pero las pocas que me cruzo van caminando. Venía en lo mío y veo a esta señorita. Quizás sea señorito, pero me gusta pensar que es una dama. Que fue una dama. Como me pasa siempre, pensé en el medio kilo de plástico negro y vidrio que llevo de acá para allá en la mochila pero, como de costumbre, me dio vergüenza. Hice 3 pasos más, frené. Me dio más vergüenza. Levanté la vista, una familia a 50 metros. “Mamá, ¿por qué ese señor de barba rara le está sacando una foto al piso?” “¡Hay una rata muerta mamá!” “Mamá, por qué las cosas mueren?” “¿Podemos pasar por el kiosco?”. Si llegaba rápido a la esquina, le salvaba la mañana a la señora. Dos fotos, volví a caminar.

Miro la foto días más tarde y pienso que murió puteando, con las manitos cerradas y la vista perdida, puteando a un bondi que no le paró.


Medio Enero (mas o menos)

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Las fotos de la primer mitad de enero (mas o menos) quedaron en el Western Digital (der.), mientras que yo creía que estaban debidamente backupeadas en otro disco. Cuando saqué el WD e instalé el Seagate (izq.), lo hice bien canchero. Instalé un fresco Windows 7 de 64bits, los últimos drivers y lo justo y necesario. O sea el Lightroom. Oh sorpresa, el catálogo “2013_LR” no estaba… Como poder recuperarlo, podría. El WD no está formateado ni nada, por lo que en teoría podría chantarseló a la notebook y que salga andando como si acá no hubiera pasado nada. Pero me da fiaca. Por lo que quedarán ahí confinados hasta que Deal Extreme, el Correo Internacional Chino, la Aduana China, la Aduana Argentina y el Correo Argentino dispongan la llegada de un case que me compré por chirolas.

El nuevo disco es un Seagate Momentus (¡¿?!) XT de 500GB, un disco “híbrido”. Cuando lo apurás pasa a nafta, y en tránsito lento funciona con Activia. Por ahora se porta bien, y cumple lo que promete. Aunque no hace milagros.

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Ultimamente, con la excusa de no querer hacer muchas fotos (cualquiera lo mío…) para no renegar después mezclando los catálogos, no ando mucho con la cámara. Aunque tampoco ando mucho. El calor y un sin fin de argumentos hace que esté bastante sedentario. Ayuda además que estuve transcurriendo por una de mis etapas profundistas, en donde me tiro las tardes mirando el horizonte edificado pensando y repasando mi accionar en esta vida. O sea, no hago una goma.

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Paseo en bicicleta, muchas veces incluso sin el celular encima, miro fotos en Flickr como hace años no hacía, escucho música y miro Arrested Development. El barrio es lindo para andar en bici tranquilo, mirando las casas y la gente refrescando las patas en la vereda.

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Redescubrí mi linyerismo. Ese que había dejado por cuestiones socio-laborales. Jamás debería haberme alejado de esa corriente pro-agujero en la remera. Mi uña es celeste.

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Me/Les prometo volver a alguna que otra andanza y publicar más seguido. Ni a Twitter le estoy dando bola. Pero dense una vuelta por mi perfil en el sitio de las bolas celeste-violáceas, que quiero darle un poco de vida. O terminar de matarlo y abrirme otro.

Saludos desde la tierra de Cogh!!


.2012

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Qué añito. Aunque todos los años, mas o menos a esta altura, escriba algo con olor a balance, la verdad es que no los hago. Los hago para escribir algo con mediano significado acá en este humilde blog. Una cosa lleva a la otra y termino pensando en los qué, los cómo y los por qué de las cosas que fueron pasando desde la última vez que escribí la entrada de Nochevieja.

Pasaron unas cuantas cosas. Aunque por la cabeza me pasaron muchas mas. Escucho a la mayoría decir que este 2012 se deshizo rapidísimo, cosa que he dejado mas de una vez en claro que no termino de entender. No entiendo de fechas, no me es natural. Anoche volvíamos en un 41 a medio fundirse hablando de eso, de que no entiendo qué significa que sea 20ypico de diciembre de tal año. Todo conspira para que segmentemos nuestras vidas en clusters de 365 días uno al lado del otro creyendo que el tirar un almanaque expía culpas. Y pese a que le encuentro muchas falencias a esa manera de existir, de a poco me abrazo a la idea de tener un punto de principio y uno de final. Una meta. Eso que hace un tiempo tampoco lograba entender por fin lo estoy asimilando. Las cosas empiezan y terminan, no son ni fueron eternas. Me aterra al punto de transformarme en una masa amorfa de lágrimas saber que termina, pero por otro lado me hace pensar en que estoy bien. Que quizás este sea uno de mis mejores momentos, y como humano que aparentemente soy, tengo miedo de que termine.

Crecer, que le dicen.

Tengo la mitad de una heladera, un colchón bordó (no pienso escribir bordeaux), muchas ganas de andar en bicicleta, de sacar fotos, de tener otros horizontes enfrente mío, y de discutir con problemas nuevos. Quiero ver cosas que no vi, escuchar discos de jazz que no escuché jamás y dejar de cruzar por el medio de la calle. Ufff, la de libros que me falta por leer. Anoche cociné arroz integral por primera vez asi que, como ven, no necesita arrancar un año nuevo para hacer cosas nuevas.

Lo único que espero de este nuevo paquetito de meses que nos regala el repuestero o imprenta amiga nos una un poco mas. La división a filo de hacha que nos están imponiendo solo construye murallones. Y en este pale blue dot no tenemos lugar para tremendas manifestaciones arquitectónicas.

Besos, abrazos y saludos para mi mamá que me mira por Facebook.

[Si, ya se que falta una semana todavía para Año Nuevo, pero entre viajes y tandas de ropa por lavar, no voy a tener tiempo de escribir] [Siii, que la puedo programar para que se publique el 31 a las 23:59, pero va a andar dando vueltas ahí en el WordPress y la voy a querer cambiar y… no jodan]


Las charlas que me robaron

Nos inventaron hermanos, padres y madres, nos pusieron camisetas y pancartas, nos acorralan con preguntas y dedos que apuntan. Nos exigen que elijamos, que eso demuestra nuestra calidad humana. Piden que nos pongamos de un lado, o del otro. No piden, obligan. Esa decisión será estampada en nuestro pecho, en nuestra frente y será usada como prueba ante cualquier desvío que uno pretenda cometer. Cualquier idea fuera de la doctrina será considerada antipatriótica y se nos culpará con los peores cargos. Dialogar está solo permitido si es con otro camarada, y solo si tratamos temas que ensalcen nuestra bandera. Nos inyectan de las más surtidas maneras que hay agentes antipatrióticos en todos lados. En nuestras familias, en nuestros trabajos, en nuestro gobierno, son vecinos, son primos, son amigos de la infancia que, disfrazados con sus pieles de cordero intentan destruir nuestro proyecto de país. Hay que tratarlos con desprecio, nos gritan por televisión, o de boludos que no entienden. A los boludos hay que explicarles con palabras fáciles por qué nuestro color es el mejor. O más efectivo aún, por qué el contrario es peor. No debemos temer por nuestras equivocaciones, son bien justificadas por nuestros ideales, y no hay que pedir perdón a nadie, por mucho daño que hayamos hecho. Pedir perdón es de tibios. Y eso es peor que cualquier cosa.

Yo soy un tibio. Soy una persona que ve una guerra inventada con el único fin de ganarla. Y en la que no se quiere meter. Todos creen tener la razón y ese no sería el problema más grave, si no que cuando descubren que no tenían la razón, inventan otra batalla paralela para desviar la mirada. Los titulares cambian las palabras pero todos dicen la misma cosa hace años. Estos hijos de puta me quitaron uno de los placeres más grandes que tenía, y era el de conversar. Son cada vez menos las personas que no intentan evangelizarnos y que solo quieren mostrarnos, sin ninguna agenda, su pensar. Para aprender el uno del otro. Cada vez es más difícil charlar porque inflan las pasiones de manera tan gradual que no nos damos cuenta y estamos frente a un fanático. Esa subclase de persona que cree que piensa por si misma, pero que solo es guiado por otros fanáticos con más labia, y que ve la vida con anteojos de otros. Y más arriba de la pirámide, personas con intereses. Pocas veces el malo sabe que está haciendo mal. Pero no por eso los voy a perdonar. Opositores, oficialistas, corporaciones, medios plegados a la pauta oficial, todos ellos han un causado un daño que no se va a reparar en las próximas elecciones, ni en las siguientes.

No tengo tiempo ni fuerza para odiar a nadie. No lo necesito. Siento lástima, siento tristeza y siento impotencia.


No soy fotógrafo

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Este año no saqué una sola foto que sea digna de mencionar. Un par significativas, algunas curiosas y un puñado de lindas. Nada más. En pocas ocasiones me pude sumergir en caminar y afotar y caminar y frenar y afotar. Oportunidades no han faltado.

Esta entrada la empecé a escribir en mi cabeza hace unos días. Hay bastante lugar ahí adentro, quizás demasiado y por eso me olvido de las cosas. La entrada se llama “No soy fotógrafo” por una sola cuestión: no lo soy ni lo quiero ser. Esto es mi vida y es la forma en la que veo las cosas. A veces es un rectángulo más ancho que alto, otras veces más alto que ancho, a veces es un cuadrado. Así me veo, asi los veo a ustedes y así veo todo. De a una fracción de segundo por vez. No es una profesión, no es un trabajo ni una vocación. Es que como que me paguen por sonarme los dedos.

Matías me mandó un mail con una invitación a mandar un par de fotos a un muchacho que está organizando una fiesta y quiere hacer una mini exposición de fotos. Es la segunda vez que voy a ver colgada en una pared que no es mía, una foto que sí lo es. Y la primera fue en un concurso en Casares. Como gran parte de las cosas, tardo en metabolizarlas, a veces un rato, a veces unos días. Esto tardé un par de días. Está bueno, estoy contento de tener la oportunidad de que otros miren lo que hago. Luego, mas que plantear, recordé lo que escribí en mi about. No, no estoy estudiando y no, tampoco quiero ganarme el pan con esto. Implica renunciar a muchas cosas, entre ellas, disfrutar de sacar fotos como disfruto ahora. Transformar esto en otra cosa. Hacer que mis dedos suenen según el compás de otras personas. No me interesa.

Ya no soy lo que era esa mañana de marzo de 2009 (puta madre, hay cosas que no me olvido). Soy otro. Tengo mas pelo y menos pelo. Tengo mas panza y tengo cuotas de una heladera. Tengo novia, gente lejos, gente cerca y gente cerca lejos. Tengo la misma cámara. Y no comenten que es al pedo.

Creo que la foto que eligieron es la última que aparece en esta entrada. Quizás otra que creo jamás subí, no tengo idea. El lugar, hora y fecha para cruzarse con esa y muchas otras fotos, y comida, y alcohol, y música, acá.


.2011

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Arranqué el 2011 sabiendo que iba a terminar. De alguna manera u otra este día iba a llegar y yo, con mucha seguridad, iba a estar escribiendo esto. Teclear estas palabras, en esta mesa, este 29 de diciembre, no es algo que no esperara. Es más, podría decirse que lo planeé.

De la cantidad de cosas que pensé e imaginé, no planeé que de los 345 días que llevo al día de la fecha morando esta ciudad, solo pasé 15 sin trabajo. Trabajo que incluso he llegado a disfrutar, aunque eso se deba en su mayoría a la gente que tengo alrededor en esa oficina. No a toda, pero si a mucha. Descubrir que soy capaz de hacer y no hacer tantas cosas fue interesante, y va a seguir siéndolo, porque va a seguir pasando. Pensé en que iba a aprender mucho, pero no creí que iba a tener los maestros que tengo. Hice de todo pero no tanto como imaginé, en eso mi cabeza tiene mucha cancha. Irme de este techo que tanto hizo por mantenerme abrigado era la idea, solo que no pensé que me iba a ir así (lo dulce y lo amargo). No me creía capaz de causar tanto daño o tanto bien. Aunque imaginé que cuando volviera a mi pueblo iba a ser bajo los lineamientos de visitas a veces obligadas o a veces por simple deseo, todavía me cuesta descubrir lo lejos que quedó Kansas.

No me quejo. Fue quizás el año que más me marcó de estos 24 y pico que llevo pisando tierra. El 2002 perdió por olvido, el 2005 fue único, pero este fue el inicio. Con este empezó algo que no creo que pueda frenar ni yo, ni la cantidad de miedos que tengo en la mochila. Miedo a cosas que no llegaron, cosas que no fueron tan graves.

¿Cómo sigue esto?. Estas semanas vi cómo se cerraban muchas cuestiones pendientes, y cómo con ellas, se abrían otras. Calculo que el 2012 será pelear con este nuevo paradigma. Los bondis ya los sé tomar, me perdí lo suficiente en el subte, logré que no me balearan en una esquina por $2. La metrópolis no tiene muchos más aces bajo la manga. Esta vez mi rival es otro, y tiene una ventaja: vivió detrás del espejo toda mi vida y me odia por dejarme este bigote y esta panza.

Saludos a mis 4 lectores, incluso a esos que llegan al blog buscando “calle” en Google. Espero que el 2012 termine mas o menos un año después de que arrancó, y podamos cometer los excesos que nos parezcan adecuados para festejar que la peleamos tanto o más que el pasado 2011.


Un luz

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Veo luces, pero no encuentro la que quiero.


Yuyo

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Tirado en una constelación de yuyos, pienso: y ahora?


Y por qué?

Si me quedó algo del curso de foto documental que terminé hace un tiempito, fue que si uno está vacío por dentro, sus fotos (y cualquier cosa que surja de adentro) estará igual de vacío. La técnica y la oportunidad son flacas ayudas a la hora de meterle algo a una foto que jamás tuvo nada. Ni antes de ser tomada. Y siento que por eso dejé la cámara de manera tan compulsiva. Me estoy llenando. El venir a Capital Federal fue un choque bastante grande y me volqué de golpe. Libros, música, películas y por sobre todo, buenas conversaciones me van llenando de a poquito. Seguramente esa sea la respuesta a mi gatillo difícil. La cámara la tengo siempre en la mochila desde hace casi un mes, e incluso pensé en comprar una compacta para tenerla más a mano, pero caí en la cuenta que la pobre cámara del celular me da justo lo que necesito. No me quiero complicar más, quiero hacer fotos y ya. Un par de clics, tengo la foto, otro par de clics, está cortada y editada. De ahí que esté dando tantas vueltas para armar este mosaico zonzo que tienen acá debajo.

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Día corto

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Hoy es un gran día. Hoy cada vez que suba va a ser menos de noche, más de día. Quizás me vuelvan las ganas de hacer fotos, de editarlas y de subirlas. Quizás me vuelvan las ganas de subir esa escalera con las ganas que la subía antes.


Saliendo

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Hay un momento de la vida en que un nene se cree hombre y decide serlo. Y hay otros tantos momentos en que deja de mentirse. La diferencia no es quién lo hace y quien no. Ni siquiera cuándo. Es por qué y es con quién. ¿Qué nos hace pensar que es hora de salir de casa?. ¿Y qué nos hace volver?. ¿Qué nos hace creer que nuestra casa era esa que creíamos?. ¿Dónde guardo mis libros?. ¿Y mis fotos?. ¿Quién nos hace gritar, y quién nos hace callar?. ¿Quién nos hace abrir los ojos, y quién nos deja cerrarlos?.

Mi idea es ir juntando esos quienes y esos por qué.

[Matías saliendo del departamento, un domingo distinto]


Color

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Estoy un poco cansado de que los tomates sean grises, los ojos negros y las pieles blancas. Aunque siga editando desde el monitor de la notebook, me cagaré en el balance de blancos como siempre lo hice, pero esta vez queriendo.

Y así con todo.


Casares, 2 meses después

Escribí un párrafo hablando de cosas que no me pasaron cuando estuve en mi pueblo, el fin de semana pasado. Resumiendo: Logré ser habitante de donde esté. Y eso me pone contento.

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Aguas [para nada] tranquilas

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Si escucho a alguien hablar de que esto la culpa la tiene algún dios, la madre naturaleza con su obvio y clásico instinto vengativo, el calentamiento global, o algún tipo de ataque extraterrestre bastante lerdo, prendo fuego todo. Así aunque sea van a poder decir que alguien tiene la culpa.

Mis saludos a algún que otro residente del país este del sol que sale como en todos lados solo que primero, que por esas casualidades venga a parar acá.


Hasta luego, y gracias por el pescado

Este juntadero de años que arrancó allá por el 87 se estaba transformando en un puñado de fotos viejas y yo apenas lo sabía. Tenía que cambiar.

Una mañana de marzo de 2009 me desperté y entendí que tenía que dejar de vivir una y varias mentiras. Bajé y de mi frente para afuera el mundo seguía igual que siempre, el celular ese que llevaba de lunes a viernes y sonaba cuando menos lo quería seguía en el bolsillo derecho y la Nikon con olor a nuevo era un juguete. Pero de la frente para atrás y hasta la nuca, ahí donde casi siempre había viento y alguna que otra teta, se estaba armando un nudo de categoría 5. En escala del 1 al 3. Primero tenía que recibir una lección: si quiero que algo cambie, el único que puede cambiarlo soy yo. No lo saqué de un libro de autoayuda ni en un sobrecito de azúcar. Me parece que fue una mezcla de budismo para turistas y una película de Disney. Una mala.

Segundo fue pensar qué hacer. ¿Capitalizar?, no, no estaba listo. Tenía que saber mas de lo que se incluso ahora. ¿Entrar al mercado inmobiliario de la manera en que solo los que tenemos un sueldo por debajo del mínimo sabemos? Eso, ni un peso. Y una tarde, o noche, o mañana estuve charlando, y eso a lo que le metía argumentos resultó ser lo único que podía ser. La única manera era pedir favores. Muchísimos.

Pero acá estoy. A un día de irme a estudiar fotografía como pueda e intentar estirar este ahorrito mísero que cada día se achica más aunque no lo toque, hasta que alguien se apiade mi flaco curriculum y me de trabajo. Que tampoco lo pido regalado, ahí estaré poniendo la cara en cuanto sitio de búsqueda laboral encuentre (hace meses que lo hago) y mangueando clasificados para ver si algo de lo que aprendí durante este largo tiempo de dibujar caños sirve.

En estos dos años de constante marabunta neuronal, otras cosas salieron a la luz. Me limpié de amistades que no me ayudaban, aunque algunas las extraño. Aprendí que el miedo sirve si uno se le pare enfrente para cagarlo a trompadas, aunque se pierda la mayoría de las veces. Dejé de querer y me dejé querer. Intenté achicar el número de fotos que siempre quise hacer y no me animé. Y aunque son cientas, me voy con otras miles.

Se me ocurren varios párrafos mas de verborrágica catarsis, pero que las fotos que vendrán hablen por ellas y por mí.


Miedo?

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No, terror.

El blog se va a poner en pausa unos días.


Hormigonera, linda y tonta

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En una de mis pedaleadas descubrí la situación (lugar y horario). Al día siguiente, 4 de noviembre a eso de las 7 y cuarto de la tarde fui. Hice unas cuantas tomas (15 mas o menos), saqué otras fotos cerca, encontré algo de material para una serie que tengo en el freezer, detrás del tuco y las hamburguesas, charlé con el dueño, volví, busqué otro punto de vista e hice esta foto y otras 4. Unos metros mas adelante choqué con algo que creí interesante en su momento, y hoy por hoy no le encuentro nada.

Esa noche las importé y elegí algunas. De las primeras, ninguna me interesó y las guardé para ver si podía usar esa primer impresión que es, según los que escriben citas, la más acertada. Procesé esas y el ocaso, un bonus si se quiere, porque yo fui interesado en la hormigonera de la esquina. El ocaso me cerraba más que la cincuentena (cincuentena existe!)  de imágenes que tenía de esa tarde, así que la publiqué. Y ahí quedó olvidada la pobre homigonera.

Hoy 23 me agarran ganas de subir algo. Empiezo a escribir una entrada que ahora que lo pienso tiene algo que ver con esta, pero no me gusta la foto, asi que la guardo y sigo chusmeando la carpeta Noviembre. Y ahí estaba, el silito, sus montañas de materiales, su tolva, ese naranja que se destila en un rosa moradito… Le hice unos cambios, totalizando 65 desde esa noche de jueves-viernes. La monto en el Writer, empiezo a escribir; uno, dos párrafos. No se por qué vuelvo a Lightroom. 16 segundos antes hice otra, 6mm. de focal menos. Estaba apenas etiquetada. Le copio los ajustes… y es esta. 6mm. de diferencia.

Las comparo ahora y veo un mundo entre ellas. Esta es un poco vaga, con mas para ver y su consiguiente facilidad de distraer, pero hay más tonos, se alcanza a ver más naranja. La construcción pierde un poco de protagonismo. Quizás demasiado. Las sigo mirando y me empiezo a aburrir. Son lindas las dos, pero tontas. Algo que quizás solo el dueño quisiera tener de fondo de pantalla. Quizás colgada en la oficina.

Mejor publico y listo.


Una rama sola

Esa tarde saqué 100 fotos en algo así de una hora. Hice algunas cosas bien, otras mejorables (y voy a volver) y otras olvidables. Las olvidables me recordaron que no todo es fotografiable, no si las condiciones son determinantes, las mejorables me dieron una idea: revisar mi archivo y re-hacer las tomas que considere. Y las buenas me dieron la energía para hacerlo.

Esta es una buena/mejorable.


PV

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Me pudrí. Pensé que era el chiste de alguno, pero cuando empecé a prestar atención, todo Carlos Casares estaba recubierto de pintarrajeadas. Ni siquiera son grafitis, son un par de tarados con una lata de pintura en aerosol que se dedican a arruinar cuanta pared encuentren. Ningún mensaje, nada para decir, solo PV, Juventud Peronista o alguna estupidez como la que encabeza este post. Idiotas que en vez de gastar los 20 mangos que sale cada lata de pintura podrían gastarla en algo un poquito mas productivo. Pero si le dieran de comer a alguien, por decir algo, no generarían lo que realmente buscan: Gente que los insulte, que los odie por manchar paredes. Oligarcas que no entienden el mensaje del General. Enemigos. Eso necesitan para funcionar, para compararse, para vencer. Porque Perón Vence. A nadie, no hay nadie quien a vencer, estamos nosotros, el pueblo cansado de que nos toquen las bolas y ustedes, los que transan sacándose fotos, visitando pueblos, poniendo la voz de Evita o de Alfonsín para evocar sentimientos en algún viejo desmemoriado. Porque Perón Vuelve. No, no va a volver. Por suerte, porque su modelo sólo funcionaba en su época, cuando China no tenía 100 millones de esclavos fabricándonos todo lo que necesitamos. Hoy el obrero está informado y sabe quién es el mafioso que le tocó de patrón o de jefe sindical, pero tiene hambre y sale a los piedrazos a la calle con tal de darle de comer a la familia. Esos y los que quieren trepar, que hubo, hay y habrá. Porque Perón Vive. No, Perón murió. Como murieron José de San Martín, Mariano Moreno, Hipólito Yirigoyen y el Chueco, un camionero vecino que laburó hasta que la cintura lo terminó matando. Y no, no gritó discursos leídos y releídos en la cancha de River.

Perón Vomita? Vomitaría? No se mucho de historia por lo que no me voy a poner a discutir si Perón hizo o no bien las cosas. Pero se de actualidad, y pienso: Si volviera, estaría contento con lo que sus fanáticos le están haciendo al país? Estaría contento de ver a la clase trabajadora matándose por el bolsillo de un puñado de oligarcas disfrazados de overol? Se alegraría de ver cómo, en su nombre, gobierno tras gobierno nos mintieron en la cara, como si fuéramos idiotas? Si lo hace, sería un reverendo hijo de mil puta. Yo noo creo que tanta gente que lo quiso y lo lloró esté tan confundida.

Debajo, algunas fotos más.

(more…)


Un perro muerto

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Estoy cansado de hacer fotos para el blog. Con hacer considero no solo apretar el botonito plateado, sino también elegir alguna de entre las casi 7000 que tengo (desde 2009), pegarle un poco con el Lightroom, el Photoshop o el Paint para que no parezca tan newbie,  ponerle un título lindo, un texto con algún tipo de significado y apretar Publicar. Y todo pensando en si será de vuestro agrado, oh fieles 4 lectores.

Lo digo sabiendo que, muy probablemente, ni bien esta entrada sea parte de la vorágine de gansadas que vuelan en internet, me arrepienta y suba mas fotos esta semana que el resto del mes. Pero hoy quiero poner el freno, aunque sea unas horas.


Calculo que esto es aprender

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Mas miro esta y el resto de las fotos que hice este tiempito y mas me aburren. O le encuentro defectos, o se me hace muy evidente que están tironeadas de los pelos. Esta sin ir muy lejos, la saqué en el Starbucks del Abasto intentando enfocar sin ver. Obviamente el encuadre no fue el mejor, pero quedé bastante sorprendido al haber adivinado tan bien la distancia a la que estaba esta mujer. Pero más veces la miro, mas veces me doy cuenta que no es nada, solo una prueba. Y que la publico como para no perder la costumbre y no porque merezca ser mostrada. La emperifollo, le acomodo el ángulo, algo de viñetas, algún preset medio pulenta y a la internetta.

Pero la foto sigue siendo lo que arrancó siendo.

Asi y todo hay algunas cosas que me gustan. La mujer tomando un café sola, algo que me gusta hacer de vez en cuando. La muchacha de la derecha con su vieja Dell. Los reflejos en los vidrios, que multiplican la cantidad de lámparas que realmente hay. La iluminación en general. Algo me hizo no borrarla en primer lugar.

Tarea para el hogar: Empezar de una buena vez por todas a querer hacer las fotos, y no dejar que la suerte lo haga.


Menos trabajo, creo

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No saben el placer que me da ver este escritorio vacío. Hace dos semanas que se amontonan papeles de todos los colores y procedencias, carpetas ya ablandadas de tanto ir y venir, un par de celulares que no se callaban ni por casualidad y Domo-Kun que miraba desentendido.

Por suerte el jueves cargué todo en una pequeña carretilla que tengo para tales fines y me lo quité de encima. Apenas queda una anoréxica carpetita de instalaciones hogareñas esperando ser despachada y la ilusión de que sea una semana más tranquila.

La semana pasada le comenté a mi jefe que el año que viene ya no voy a estar acá. Fue incómodo, pero aliviador. Falta aún, pero mejor ir quitándose de encima problemas. Ahora bien, estuve hasta hoy imaginándome buscando como loco algún pibe que quiera hacer esto y enseñándole las dos cosas de AutoCAD que sé… Así que si alguien planea estar sin laburo para noviembre-diciembre, que chifle.


Algo de geometría

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Creo que voy entendiendo lo que me gusta y lo que no. Es un paso muy importante que quiero dar hace mucho; encontrar qué es eso que me hace decir “esta foto me gusta”.

Llegué a la adolescencia fotográfica?


3 mates

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Debido a que me acabo de pegar un desestresón importante pude volver a agarrar la cámara, aunque sin hacer excesos de creatividad.

La semana pasada fue espantosa, lisa y planamente. Trabajo que salía de debajo de las piedras imitando a la más mortíferas de las ardillas, malestares ridículamente incómodos (dolor de párpado y pálpito de tímpano, por citar dos), esperas desesperanzadas y un sin fin de puteadas al aire. Mala música, mala televisión y mala convivencia. Un asquito mire. Pero arrancamos una nueva, una fresquita, lluviosa y gris, de esas que me gustan. Y la arrancamos a puro teléfono y mails buena onda. Las cosas empiezan a salir bien, y solo porque me puse manos a la obra. De eso probablemente hable esta noche, si no pasa nada exageradamente alentador en el medio.

Mientras tanto, unos mates.


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