En marcha

El día de ayer fue terrible para muchos, y las semanas siguientes lo seguirán siendo. Por acá la sacamos barata, siendo presas unicamente del aburrimiento. En la casa de Sari las cosas no fueron tan alegres, tampoco en lo de Damián, pero permitiendomé un jueguito de palabras, siempre sale el sol.
Domingo por la tarde, Blanco Encalada y Cabildo, la esquina nefasta del Belgrano-Nuñez. Una mujer vendía discos mojados a $2 y ahora pienso que debería haber hecho una foto. Siempre lo mismo.
El sábado me metieron en un auto y me llevaron a Santa Fe a hacerle fotos a un gran dibujante a modo de polizón. Los muchachos iban con intenciones mucho más serias que las mías, más cercanas al cholulismo que a la vocación. Hablando de cholulismo, hoy volviendo de comer me crucé a Bobby Flores y puse cara de “Se quién sos, pero soy buen tipo y no te voy a poner incómodo con mi cara de ´Nooo, boludoooo, es Bobby Floreeeeees´. Gil”.
Estoy metiendolé fichas a las 116 fotos que le hice al muchacho que tan excelentemente dibuja, para sacar 4 o 5 que cierren. Mientras que gracias a estas 2 notas (One Cat, Three Lives y A Different Way of Working) me di cuenta que la cuestión va para larga, y que me lo tengo que tomar con soda. Plantearme ideas que merezcan la pena y el tiempo, llevar una agendita tonta con lugares que quiero ver de vuelta bajo las condiciones que quiera y no conformarme. Y que voy a hacer un libro. Librito. El “tema” está, las fotos están casi todas, falta imprenta. No se cuántos ejemplares, inicialmente quiero uno para mí y algunos más para amigos. El que quiera uno, que chifle, que si no se me va de las manos el precio, muy probablemente cueste un boleto/pasaje hasta el lugar de entrega, café, mate o bebida que combine con el horario y algo para picotear. Si algún limado lo quiere desde Kazajistán, será el envío pues.
Pero es muy pronto aún.
PentaxP50-feb

Rescate emotivo a la química durante febrero; mientras, aprovecho a trastear con esto de digitalizar negativos. Pensando en abaratar costos. Se escuchan ideas.



Como ultimamente, una más en Flickr.
Medio Enero (mas o menos)

Las fotos de la primer mitad de enero (mas o menos) quedaron en el Western Digital (der.), mientras que yo creía que estaban debidamente backupeadas en otro disco. Cuando saqué el WD e instalé el Seagate (izq.), lo hice bien canchero. Instalé un fresco Windows 7 de 64bits, los últimos drivers y lo justo y necesario. O sea el Lightroom. Oh sorpresa, el catálogo “2013_LR” no estaba… Como poder recuperarlo, podría. El WD no está formateado ni nada, por lo que en teoría podría chantarseló a la notebook y que salga andando como si acá no hubiera pasado nada. Pero me da fiaca. Por lo que quedarán ahí confinados hasta que Deal Extreme, el Correo Internacional Chino, la Aduana China, la Aduana Argentina y el Correo Argentino dispongan la llegada de un case que me compré por chirolas.
El nuevo disco es un Seagate Momentus (¡¿?!) XT de 500GB, un disco “híbrido”. Cuando lo apurás pasa a nafta, y en tránsito lento funciona con Activia. Por ahora se porta bien, y cumple lo que promete. Aunque no hace milagros.

Ultimamente, con la excusa de no querer hacer muchas fotos (cualquiera lo mío…) para no renegar después mezclando los catálogos, no ando mucho con la cámara. Aunque tampoco ando mucho. El calor y un sin fin de argumentos hace que esté bastante sedentario. Ayuda además que estuve transcurriendo por una de mis etapas profundistas, en donde me tiro las tardes mirando el horizonte edificado pensando y repasando mi accionar en esta vida. O sea, no hago una goma.

Paseo en bicicleta, muchas veces incluso sin el celular encima, miro fotos en Flickr como hace años no hacía, escucho música y miro Arrested Development. El barrio es lindo para andar en bici tranquilo, mirando las casas y la gente refrescando las patas en la vereda.

Redescubrí mi linyerismo. Ese que había dejado por cuestiones socio-laborales. Jamás debería haberme alejado de esa corriente pro-agujero en la remera. Mi uña es celeste.

Me/Les prometo volver a alguna que otra andanza y publicar más seguido. Ni a Twitter le estoy dando bola. Pero dense una vuelta por mi perfil en el sitio de las bolas celeste-violáceas, que quiero darle un poco de vida. O terminar de matarlo y abrirme otro.
Saludos desde la tierra de Cogh!!
El Flickr

Esto de que Flickr haya dado 3 meses de regalito me tienta a volver a ellos y perder horas revisando fotos de otras gentes. Y no solo eso, de una buena vez darles mi dinero y almacenar como corresponden algunas de mis fotos. La única contra que vengo encontrando es que su aplicación para Android no es compatible con mi celularsario, aunque pa eso ia tengo el tumbler.
Algo que tiene Flickr y que no le he encontrado a ninguna otra plataforma (o por lo menos que me haya enterado) es la facilidad para dar permisos a cada foto; desde quién la puede ver, hasta qué Copyright/Creative Commons le asigno. Y esto últimamente lo estoy apreciando mucho porque, pese a que no lo pregono demasiado, soy partidario de que en la internetta todo vale mientras que sea con respeto al autor/creador/gil_con_demasiado_tiempo_libre. No voy a entrar en detalles acá, en mi perfil de Facebook está toda la historieta resumida, pero otra vez alguien está usando (hace rato) mis fotos. No lo hacen de manera lucrativa, de ninguna manera, y por eso no me calenté, pero necesité decirle a la persona (no identificada) que estaba haciendo uso, que lo estaba viendo, y que no sería mala práctica mencionar al gil de turno que apretó el botonito plateado. Macana fue que detrás de ese perfil anónimo estaba un usador compulsivo de mayúsculas que pasó la primaria tirando bolitas de papel masticado a los tragas de adelante en vez de aprender de signos de puntuación.
Mi primer subida del año al blog, mi primer subida del año a Flickr. A por muchos más, mis 4 fieles lectores!.
Kustom Art 3

Desde hace casi un año que paso todos los días por la puerta de este taller de chapa y pintura. Y desde hace meses que veo un cartelito diciendo algo acerca de un evento. No me distingo por mi perspicacia, por lo que mencionar que pasé por alto que la dirección que mencionaba el cartel era justamente la de este taller es un poco redundante.
El fin de semana mi viejo vino de visita, a cansarse un poco según él (tengo entendido que logramos complacerlo), pero hasta para mí ese sábado había sido largo. Bajamos con Sari a buscar una pizza a la mejor peor pizzería que hay en Capital y vimos tole tole en una esquina. Había ruido, gente y Harleys. Escuché un V8 y dije “papá se va a cansar un poco más”. Pegamos la vuelta, le dijimos que se ponga lindo y agarré la cámara.

Kustom Art 3 es, sin lugar a dudas, lo más heavy que pasa en la tierra de Cogh. No nos quedamos mucho, lo suficiente para ojear los coches y las motos estacionados en esa cuadra que habían cortado. Kilos de tinta en tatuajes, cantidad de vasos plásticos llenos de cerveza en aumento y rock medio hard core medio fifty completaban la escena.





¿Les dije que me quiero comprar un moto, hacerme un par de tatuajes y…?. Mejor voy a hacerme unos ñoquis.
Corte de luz

El corte de luz del miércoles pasado fue el primero que pasé en donde estoy viviendo ahora, luego de casi un año de mudarme. Nos agarró en el supermercado chino de a la vuelta, y creímos que era la cuadra nomás. Amarga sorpresa nos pegamos cuando vimos que era un poco más importante de lo que creíamos, después de subir los 9 pisos que separan la tierra del parquét por escalera con bolsas de comida y un bidón de agua mineral.

Mirando hacia Cabildo.

Mirando hacia General Paz. Detalle 1: bien al fondo y un poco hacia la izquierda, se ven las luces de Tecnópolis. Detalle 2: El edificio de la izquierda tenía un (ruidoso como hinchada de Alte. Brown) grupo electrógeno.
Problemas ciclísticos

Hace mucho tiempo que no uso de diario/bitácora este blog. Siempre cuelgo alguna foto y hago comentarios de algo 2 semanas después de que pasó, pero esto fue hoycito nomái. Tampoco es que haya sido una situación de vida o muerte che, se me pinchó la rueda. Que haya tenido que caminar desde los lagos de Palermo hasta casa (unas 70-80 cuadras) tirando de la gorda en llanta, es anecdótico. Y anécdota sosa, porque no pasó nada resaltable en esa horita de sudar detrás de señoras con changuito. Solo quiero aprovechar la oportunidad para subir esta imagen de las ruedas de la flaca en un día lluvioso.
ANIMATE12!
Fue en Julio la ANIMATE de este año. Si, es primero de Octubre, qué cuernos hago subiendo 2 fotos de la expo que me volvió a gustar, a diferencia de la del año pasado?. Chusmeando entre las fotos de este año, encontré unas cuantas que jamás procesé, quizás por vagancia, quizás porque no me llamaban la atención. Recorrí la primer mitad del año y encontré una treintena de fotos que me gustaría rever, así que las que me vayan quedando más o menos gauchitas, las iré colgando.


Tengo demasiadas cosas dando vueltas en la cabeza últimamente. Ninguna sale, pero están todas ahí. Es como el Síndrome de los 3 Chiflados. Ya las voy a ir destilando.
Japanese Doll

Son tan ridículos de querer tener el mismo fondo de pantalla que yo?. Sientansenn en comodidad de hacerlo bajandoló desde este link. En resoluciones para 16:9 o 4:3. Hay una intermedia, creo que la 16:10, pero me olvidé de hacerla y ya subí el archivo a Dropbox. Lola.
El último (¿?) de la flaca

Durante más de un año recorrí Capital hasta donde me daban las gambas a lomo de la flaca. Sin quejarse peleaba cabeza a cabeza con autos por Independencia o Monroe, o se metía en el viaducto Carranza como un 41 más, aunque soltaba algún CRAC cuando por error me metía por un empedrado. La compré cuando me había pintado lo hipster, aunque siempre fiel a mis locuras, quería no solo que fuera linda, sino que tuviera dientes. La encontré en Tribunales y me costó la tarjeta de débito, que se quedó a manera de regalo a los dioses olvidada en un cajero.


Hace no mucho tiempo me pegué mi primer golpe en la ciudad contra el redondo baúl de un Siena Blanco, el cual había quedado frenado en la intersección de Avenida de los Incas, Cramer y Avenida Elcano. Tuve suficiente reacción, incluso hasta para darme cuenta que no podía hacer nada más que atajar el auto con la cara, y eso es justamente lo que hice. Frené una vez, frené una segunda hasta clavarla, y cuando la patita de atrás empezó a patinar como cuchillo en manteca, clavé el de adelante e hice una pirueta digna de 7.4 en gimnasia artística. La bici no se hizo nada, aunque yo rengueé semana y pico, y la barba ocultó bastante el cortecito en el mentón. Tardé más de un mes en volver a subirme, aunque hacía algún mandando en la bici de Sari.
Todo bien con lo cancheras que son las 20-622 de menos de una pulgada de ancho, pero cuando toca morderse al asfalto, esas cubiertas solo sirven para dibujar una fina línea negra. Pensé en cambiarlas, junto con los aros y los piñones, poner una masa flip-flop, incluso pensé en abaratar y poner una con freno contrapedal y hacerla más minimalista todavía… Pero sigue estando el inconveniente del tamaño. Es un cuadro chico, tanto que si doblo muy ajustado, la rueda de adelante me toca un pie, a veces comprometiendo mi pobre estabilidad.

Las imágenes que acompañan las hice en el que, inconscientemente, fue el último paseo que me di con la flaca. Fue hace un par de sábados, disfrutando del primer día lindo de la temporada.

Adriano, un compañero de laburo, me había hablado de su bicicleta en el verano, un lindo aparato que tenía olvidado en su garage. Era la antítesis, la antípoda ciclística de la flaca, aunque mucho más propicia para la manera en que manejo y manejé siempre. A lo bruto. En su momento no me llamó la atención, pero meses después, recordaba con nostalgia trepar cordones, tirarme por escaleras y pegar algún que otro salto. Y frenar.

Sucia, con golpes bastante fuleros, un poco de óxido y demasiados tornillos allen, hace unas semanas me traje a la gorda. La noche anterior me quedé hasta tarde limpiando a su antecesora, desarmandolá para hacer lugar (EL problema de vivir en 20 metros cuadrados) y eligiendo su lugar de descanso hasta que algún alma se apiade de su complicada hermosura, o me pinte lo bohemio y ataque Libertador al grito de “sufran enlatados, sufran!”

Una noche en el Colón

Del lado de afuera.
Pero igual la pasamos muy bien sacandonos fotos en ese ambiente tan extraño que nos propuso la plaza del Teatro Colón recién estrenadita, una espesa niebla que nos acompaña hace semanas, y de invitados especiales: Car y Diego, quienes no tuvieron mejor idea que venirse de vacaciones a Capital…



Noches

Siempre intenté evitar de cualquier manera el mandato familiar de acostarme a las 10 de la noche. Desde hacerme el zonzo y poner cara de “yo no fuí” mientras en la tele decían que había terminado el horario de protección al menor, hasta entreabrir un centímetro la puerta de la habitación que compartía con mi hermana para ver lo que estuvieran viendo mis viejos. Lo mío definitivamente no era dormir.
Quizás mi primer grito de independencia fue un domingo a la mañana. Ya gozando de la soledad de mi ático me levanté más temprano de lo habitual, bajé para hacerme una chocolatada y ver la previa de F1. Mientras miraba, recordé un par de televisores de 4″ en blanco y negro que mi viejo había comprado durante el 1 a 1 en Europa (o acá, la verdad es que no me acuerdo) y que estaban olvidados en algún lado. Cacé papel y lápiz y diseñé un puenteo en el cable de Cablevisión dirigido hacia mi habitación, justo encima. A mis viejos no les pareció mala idea y así pasé de acostarme religiosamente a las 22, a colgar mirando programación trasnochadora en esa pantalla poco más grande que la de un celular. Desde Waku-Waku en Canal 9, a las pelis de frota-frota que daban a las 2 de la mañana en América. Noticieros del campo a las 6, o South Park los sábados a la noche.
Pese a que inicialmente toda esta cuestión giraba en torno al bendito aparato audiovisual, y aunque parezca contradictorio, el hecho de empezar a trasnochar hizo que empezara a leer. Así conocí a Harry Potter, a Juan Salvo y a la infinidad de personajes que aparecían en el Lazermail. De a poco la computadora reemplazó al televisor, y la llegada de la banda ancha lo dejó como segunda opción cuando no había nadie con quien chatear. Encontré gente que compartía ese gusto, y más de una vez nos dimos cuenta que ese 5to termo de mate era más bien un desayuno y merecía unas facturas.
Hoy, la perspectiva de estar en estado de zombie durante toda la mañana en la oficina, y el cansancio que genera vivir en esta ciudad, hacen que no pase de las 12 sin estar entre sábanas.
Aún así, no son pocas las veces que me desvelo gracias a una buena conversación, una cena tardía, o una siesta inesperada. Es en esos momentos que me deleito con un edificio en silencio, con la media luz de una lamparita incandescente, la lenta respiración de Sari y el 41 intentando adelantarse al semáforo.
Otra vez arroz

Claro que sí, otra vez arroz, otra vez el Jardín Japonés. No hay que ser un genio para darse cuenta de que el lugar me gusta por donde lo mires, y de que no me canso de sacarle fotos a todos los rincones que le voy encontrando. Algún día quizás pueda ir a uno de estos tan famosos parques japoneses con su pasto de mesa de pool, sus lagunas y sakuras, gatos y quizás un templo escondido. Mientras tanto, este es el techo del baño de hombres.







Un mes con Instagram

Hoy o mañana, depende cuándo termine de escribir esta entrada, se cumple un mes desde que uso Instagram. La primer foto, en realidad, la tomé y subí el mismo día en que liberaron la versión para Android, el 3 de abril. Recién salía de una reunión en Rosario cuando me llegó el mail avisando de la nueva aplicación. La descargué pese a sus 13 megas bastante rápido, y la primer captura fue la que encabeza la entrada, a través de la ventanilla del auto. De ahí hasta Capital Federal la desinstalé. Pese a que los filtros me gustaban mucho, y que la facilidad de uso no se comparaba con otras apps que tenía para avejentar fotos, no podía moverla a la memoria SD de mi (escuetísimo) celular, por lo que se me hacía imposible usarla sin que a cada rato me saltara el aviso de “poca memoria disponible”. Así pasó el tiempo hasta que ya no recuerdo cómo me enteré que había realizado una actualización y que ahora se podía mover. Joyyyaaa. De ahí en adelante, no he parado de usarla.


La calidad de la cámara que trae mi Samsungcirigillo no tiene parangón con el equipo que impulsó toda esta cuestión instagramera, el iPhone. Pero gracias a justamente al pobre desempeño, he logrado darme un poco de libertad a la hora de no atarme a que si tal o cual foto quede bien enfocada, o trepidada o si las sombras estarán muy empastadas o con ruido. Simplemente disparo a lo que me interesa, buscando la manera de sacarle todo el provecho posible, y después le pego uno de estos stickers pa que quede bonito.


Arte a parte encontrar qué filtros van bien con qué luz y cuales disimulan mejor que otros lo pobre que soy a la hora de componer. Arte a parte, además, es desarrollar cintura para esquivar comentarios acerca de que esto no es fotografía, que solo es una moda, que los colorines, que el celular, que la era digital, que la pintura rupestre. Lo siento mucho señores, y aunque los entiendo, esto es divertido, y más divertido es escucharlos hablar bobadas mientras yo saco fotos.




Y no podemos hablar de Instagram sin mencionar la sub-adicción a sacarle fotos a la comida…

Y a la idiotez humana.

Saludos gentío!
Un domingo cualquiera
Cosas que se te ponen delante en un pequeño tour citadino que nos hizo variar desde Plaza Italia hasta Plaza Serrano pero por la vía complicada.



Esta última huevadita me ha caído en gracia y que no sorprenda si ven este nefasto recurso utilizado en otra oportunidad.
Que parezca un accidente, versión TN
Bueno, cómo arrancar?. Primero tengo un poco de orgullo, que nunca viene mal. Si buscan “calle” en Google Images, probablemente esta sea una de las primeras fotos que van a ver. Más de la mitad de las visitas diarias que tengo son de gente buscando esa palabra y cayendo en el blog, probablemente para seguir de largo.

La foto en cuestión, en este post.
Por otro lado, tengo esto de saber que uno no tiene amparo contra nada. La foto está ahí. No tiene marca de agua, a una buena resolución para ser una imagen tomada y subida en el 2008, en el blog no dice por ningún lado que poseo los derechos de la foto, ni se me ocurrió poseerlos o hacer honor a esa posesión alguna vez. Oh tontuelo.
Con la consternación que provoca despertarse un domingo a las 8 de la mañana, bajo de mi habitación en la casa de mis viejos, los voy a ver a la suya mientras toman mate y miran TN. El mismo canal que al enterarse que yo, y unos cuantos cientos de personas más estaban barados en Acceso Oeste gracias a un puente peatonal que cayó gracias a la tormenta del miércoles, me llamaron a las 5:38 de la matina mientras lograba retomar el sueño y el viaje. Levanto la vista y miro, la publicidad de un nuevo programa de Petti “copado!” pensé. Inmediatamente, veo esto:

Eeee… Si alguien de TN llegase a mirar este humilde blog (por segunda vez, en realidad) portensé como personas copadas que pretenden ser. No pido guita, no pido fama, pido lo que cualquier hijo de vecino, pagador de expensas, aprovechador de ofertas en el super de a la vuelta espera recibir al dar un regalo: las gracias.
Grande de muzza

No era exactamente pizza lo que comimos esa noche, aunque tenía los ingredientes básicos.
Esta es una de esas fotos que tenía ganas de hacer, pero que por uno u otro motivo nunca hice. De noche, con lluvia, colores, reflejos, un par de personitas, la incomodidad, el apuró y decir “pucha, me gusta”.
Que la semana siguiente me la haya pasado moqueando y medio muerto en una cama no le quita el gustito, ojo.
Cinemagraf
Hoy refrescó y no necesité el ventilador. Hasta la ventana abierta me molestaba. El verano ya está adentro nuestro y cualquier baja en la temperatura nos hace creer necesarias las bufandas, pero si este clima se presentara en junio saldríamos en bermudas y ojotas. Algún auto pasando por la casi siempre concurrida avenida, el chirrido agudo y débil de la heladera, sonidos de canillas tan lejanas que parecen mentira. Me levanto de la cama a ver por la ventana, un helicóptero pasa más bajo que de costumbre. Por los colores, la dirección y el horario, siempre pienso que es la presidente de todos y todas volviendo a casa, pasando por encima de los que se toman el 41. De vez en cuando el eléctrico se acerca por detrás del edificio de Telecom, aunque está llegando la hora en que pasan cada vez menos hasta no pasar. Escucho fuerte las teclas de la compu mientras los dedos de mis pies asoman por detrás de la pantalla. Casi podríamos decir que estoy en silencio. Un bien raro, bien raro.
Una tarde estaba sentado en el subte y me quedé viendo el techo, mirando como las luces pasaban siempre una atrás de la otra, dibujando un abanico y de vuelta a la oscuridad. Recordé las veces que andando en auto me quedaba mirando cómo los árboles y las lámparas pasaban como si fuera un eterno bucle solo cortado por una esquina, un semáforo o una caca de paloma. Siempre quise filmar eso. Hacer un gran video de cosas pasando una y otra vez. Con mi cámara y mi presupuesto lo único que podía hacer era sacar muchas fotos, una atrás de la otra y armar un timelapse cámara en mano, quizás un gif como armé aquella vez. Pero la luz que me llama la atención siempre es mala, y como casi todo, nunca tengo ganas. Tiempo después explotó en la internetta la moda de los cinemagraph. Yo no sabía cómo lograrlo, ni la estética, no quiero decir que me robaron la idea o que pensé esto mucho antes de que se pusiera en onda, no soy tan hipster. Los engendros fotográficos estos son casi escalofriantes. Esto es un paisaje de edificios como cualquier otro, pero los que tienen gente son realmente espeluznantes. Hay un silencio que nos pone incómodos, pero que a la vez nos da paz. Como cerrar la ventana.
Egreso
Emociones encontradas me surgen al encontrarme con estas cosas. Por un lado no dejo de pensar qué bien se debe sentir terminar una cosa así, algo que teóricamente uno anhela durante años, por fin realizado. No veo motivo mayor para festejar. Y por el otro, respiro profundo buscando la paz de una plaza, y me llegan olores dignos de heladera de soltero, piso una pasta parecida a algo que durante mi adolescencia dejé en muchas esquinas después de una noche demasiado larga, y por sobre todas las cosas, pienso en toda esa comida tirada en esa misma plaza donde suelen dormir personas que no les vendría mal un par de huevos fritos. Pese a eso, una ventosa y fría tarde de diciembre (este clima, este clima…) me dediqué a retratar un poco lo que pasaba.






Un paseo

Un lindo jueves con 28º del lado de afuera se me ocurrió que era una excelente idea armar una mochilita, ponerme los cortos y salir a pedalear un rato. La verdad es que fue medio exagerado andar con ese peso encima, pero ya que llevaba la cámara, justifiquemos por si las moscas. Ahora que estoy más quieto que hace unas horas, recuerdo algunas anotaciones que no hice en ese cuadernito negro, simples conversaciones que tengo en voz alta con la heladera mientras lavo los platos, acerca de la bicicleta. Hasta se me ocurrió pensar que era el prólogo de un libro. No recuerdo exactamente que gansadas estuve dictando a esta secretaria enorme y llena de imanes, pero básicamente era de lo bien que se la pasa en ese rombo de caño, de cómo los problemas se alejan a cada patada pero solo para verse más claros. De cómo el viento cambia en cada esquina dándote nuevas ideas y nuevos peinados (eso si tuviera pelo). Quizás tenga que ver con la concentración que se necesita para no ser pisado por algún conductor de automóvil que cree que las calles fueron hechas para él/ella, o en esquivar baches que harían volar la mitad de tus dientes. Ni hablar de esa cosa mágica te recorre las venas cuando apurás el tranco para pasar un camión, o cuando te reencontrás con el sillón y decidís que bien podrías pasar el resto del día ahí. Es lindo andar en bici.




Según Google Maps y mi precaria memoria, fueron alrededor de 24 kilómetros.










