La Plata

Lunes. Desde noviembre que no pisaba tierra platense. Usualmente es para tomar unos mates con la flia Zánzero, pero esta visita a Marquitos se la debía hace ya un año y pico. Aprovechando el fin de semana largo, estirado hasta el jueves gracias a un señor de blanco y un hisopo ridículamente largo, nos tomamos un micro con el aire acondicionado a todo trapo hasta La Plata, y de ahí caminamos por 4 hasta el edificio con ladrillo visto.
No hay fotos de la picadita que nos pusieron enfrente Marcos y Mariana porque estaba muy entretenido devorándola, pero si del paseo que vino a continuación.


Porque en La Plata todo tiene números.

Marquitos

Mariana, quien ya ha demostrado en varias ocasiones que odia que le saquen fotos, pero ahí sale toda sonriente sin más.




Cinemagraf
Hoy refrescó y no necesité el ventilador. Hasta la ventana abierta me molestaba. El verano ya está adentro nuestro y cualquier baja en la temperatura nos hace creer necesarias las bufandas, pero si este clima se presentara en junio saldríamos en bermudas y ojotas. Algún auto pasando por la casi siempre concurrida avenida, el chirrido agudo y débil de la heladera, sonidos de canillas tan lejanas que parecen mentira. Me levanto de la cama a ver por la ventana, un helicóptero pasa más bajo que de costumbre. Por los colores, la dirección y el horario, siempre pienso que es la presidente de todos y todas volviendo a casa, pasando por encima de los que se toman el 41. De vez en cuando el eléctrico se acerca por detrás del edificio de Telecom, aunque está llegando la hora en que pasan cada vez menos hasta no pasar. Escucho fuerte las teclas de la compu mientras los dedos de mis pies asoman por detrás de la pantalla. Casi podríamos decir que estoy en silencio. Un bien raro, bien raro.
Una tarde estaba sentado en el subte y me quedé viendo el techo, mirando como las luces pasaban siempre una atrás de la otra, dibujando un abanico y de vuelta a la oscuridad. Recordé las veces que andando en auto me quedaba mirando cómo los árboles y las lámparas pasaban como si fuera un eterno bucle solo cortado por una esquina, un semáforo o una caca de paloma. Siempre quise filmar eso. Hacer un gran video de cosas pasando una y otra vez. Con mi cámara y mi presupuesto lo único que podía hacer era sacar muchas fotos, una atrás de la otra y armar un timelapse cámara en mano, quizás un gif como armé aquella vez. Pero la luz que me llama la atención siempre es mala, y como casi todo, nunca tengo ganas. Tiempo después explotó en la internetta la moda de los cinemagraph. Yo no sabía cómo lograrlo, ni la estética, no quiero decir que me robaron la idea o que pensé esto mucho antes de que se pusiera en onda, no soy tan hipster. Los engendros fotográficos estos son casi escalofriantes. Esto es un paisaje de edificios como cualquier otro, pero los que tienen gente son realmente espeluznantes. Hay un silencio que nos pone incómodos, pero que a la vez nos da paz. Como cerrar la ventana.